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La redondez de San Marcos Alfonso Navalón
No hay muchas iglesias redondas en España. Creo que tres. Conozco una que está cerca de Puente la Reina, ese pueblo señorón de Navarra con tantas leyendas del Camino de Santiago. Muy cerca está otro pueblo cuyo nombre no recuerdo ahora donde se celebra uno de esos acontecimientos teatrales con la participación de cientos de actores que son vecinos del lugar. Hay allí una magnífica hospedería donde solía retirarme alguna vez después de las orgías de San Fermín, bien para meditar sobre la fugacidad de los placeres mundanos o para poner un frívolo, pero apacible remate, a las emociones sanfermineras. La comida y el vino excelentes, la fruta riquísima recogida fresca la misma mañana. Encima de la mesilla estaba el libro de Monseñor Escrivá y cuando supe que todo aquello era cosa del Opus Dei, salí de Ovanos (que ahora recuerdo el nombre del pueblo) como alma que llevan mil demonios. Por lo visto era uno de los centros de captación y como nada más lejos de ánimo que llevar una aburrida vida edificante y ejemplar, me fui al Hostal del Peregrino, donde me trataron como un duque porque el dueño resultó ser uno de los mayores partidarios que tenía en Navarra. Allí cerca en medio del valle está esa iglesia románica redonda, austera y despoblada de imágenes, con un atrio porticado en todo el círculo y un frescor bajo sus muros que contrastaba con el calorazo de julio. Arriba, en un picacho hay un monasterio y un fraile flaco y ascético nos ofreció un vaso de agua de lluvia recogida en un aljibe excavado en la roca. Otro año volví a los encierros y las capeas de Puente la Reina, cuando me fui a escribir sobre las fiestas pueblerinas por no aguantar a Luis Miguel Dominguín cuando reapareció en los años setenta vestido de pantera rosa. Dicen que la otra iglesia redonda está en Galicia. Pero la primera de todas, la que llevo viendo desde niño, la que me encuentro ahora por las mañanas al levantarme es la que está en la Puerta Zamora, enfrente del Toscano, como una muestra solitaria y aislada de la riqueza monumental que está mucho más abajo. La iglesia de San Marcos es el pórtico de ese deleite mañanero de pasear la calle camino de la Plaza Mayor o de los atardeceres tibios del verano y del otoño cuando la calle deja de ser camino de paso para convertirse en tertulia. En una muestra de arquitectura sencilla y original, desgajada del conjunto monumental y perdida en esa otra Salamanca híbrida que ya no es antigua pero que tampoco acaba de ser moderna. Siento no ser una rata de biblioteca y no disponer de datos históricos para hacer una crónica documentada sobre esta iglesia nuestra que es una de las tres redondas que hay en toda España. Pero salta a la vista su singularidad. Si otras ciudades, menos afortunadas en tesoros arquitectónico, la tuviera, estoy convencido que la cuidarían enseñándola con orgullo. Suelo visitarla algunas veces, cuando no hay actos litúrgicos y al salir de tomar una tosta en el bar de la esquina me gusta entrar un rato a dejar la mente en blanco. Al volver de una de esas largas ausencias no encontré el bar de los sabrosos aperitivos. Habían derruido la vieja casa, la última de la calle Zamora y la Iglesia quedó preciosa en ese espacio abierto, frente a la puerta principal. Pasó el tiempo y me acostumbré a ver la iglesia libre de estorbos y creí que había sido el milagro de alguien sensible. Pero hace pocos días se levantó una estructura de hierro sobre el solar de la vieja casa. Algo que hace daño al sentido estético de cualquiera. Van a levantar una de esas cosas funcionales para quitarle vista a la redonda simplicidad de un monumento singular. Imagino que el Ayuntamiento y los colosos de nuestra riqueza monumental habrán echado el resto para impedir este atropello. ¿Pero es que no hay nadie capaz de parar este desafuero? En mis cortos conocimientos del Derecho creo que hay una ley de Expropiaciones con apoyo sobrado para defender el interés público, el llamado bien común, que está por encima de los demás bienes. Julián, consulta con ese letrado y verás cómo hay una fórmula para evitar este atentado contra la belleza de Salamanca. |