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Vuelve la charrería Alfonso Navalón
Parece que Salamanca vuelve a recobrar sus señas de identidad después de tantos años haciendo el ridículo imitando a los andaluces. Ya va siendo hora de comprender que nuestro folclore es más antiguo, más rico y más colorista, aunque no sea rociero, ni macareno. La esplendorosa recuperación de la antigua romería del Santo Cristo de Cabrera con miles de peregrinos, a la usanza del lugar, es una clara muestra de cómo los salmantinos vuelven a mirar hacia adentro y a valorar lo suyo. Es bonito que en las fotografías no hayan salido ya los jinetes lugareños copiando a los señoritos cortijeros y que al frente de la procesión rompieran un grupo de dulzaineros de esta tierra. También ha sido una alegría contemplar el lujoso folleto de la peregrinación ecuestre desde Ciudad Rodrigo a la Peña de Francia, con una magnífica fotografía que rezuma charrería. Parece que los caballistas farinatos y sobre todo sus jerarcas, se han dado cuenta de que la tierra que pisan no es la Marisma y han decidido darle a la Virgen un cortejo más acorde con nuestro paisaje y nuestra historia. La primera vez que se me ocurrió censurar sus actitudes andalucistas ignorando la categoría y la historia de nuestra región quisieron lapidarme y hasta se trasladaron a Salamanca, cuando escribía en 'El Adelanto' para conseguir una audiencia con la dueña del periódico donde exigieron airadamente que no volviera a escribir sobre aquella esperpéntica forma de adorar a la Virgen. Ahora ellos solitos se han dado cuenta del ridículo que estaban haciendo con aquella imitación grotesca del Rocío en el corazón de la Sierra más salmantina. Entre los actos de la peregrinación se ha suprimido sensatamente la salida desde la Plaza Mayor con el repique del Reloj Suelto y la salida del alcalde y munícipes a despedirlos 'oficialmente' como si se tratara de una embajada cultural. Las cosas han cambiado notoriamente porque antes era alcalde el ecuestre Dionisio, que para discurrir tenía que subirse en una albardilla vaquera. Ahora nuestro alcaldín no tiene botos Valverde porque usa habitualmente zapatos colorados y al hombre debe resultarle penoso subir a un caballo y enseñar las canillas por encima de los estribos. En eso salimos ganando. Alguna ventaja habría de tener la falta de representatividad de este muchachito. De lo que ya no estoy muy seguro es si el antiguo teniente de alcalde y público agresor de ciudadanos que pensaban de forma diferente, seguirá embutiendo su amplio bandujo en la chaquetilla y los zahones, o colocándose el sombrero ancho como un afilador de Orense. Pero eso ya no hace al caso. Lo que al parecer preocupa ahora al Obispado mirobrigense es que en el programa oficial sigue figurando la ceremonia de impartir el santo sacramento del bautismo a los nuevos cofrades. Como si un regato de los robledos charros fuera el río ése contaminado que los rocieros confunden con el Jordán. Lo del bautismo sobra, entre otras razones porque bastante bautizados van ya por dentro. Y porque aquí tenemos la santa costumbre de no recibir el bautismo más que una vez. Aquí para emborracharnos no nos hacen falta padrinos. Es una pena que la romería del Cristo de Cabrera no tenga el complemento del festejo taurino, como debe recuperarlo la de la Virgen del Cueto. Y que nuestros toreros (porque no hacen falta forasteros) salgan vestidos de charros. Pero no es poco ya resaltar esta sensatez de ver otra vez a los tamborileros y danzantes rodeando las antiguas creencias y que los jinetes vayan discretamente ataviados con una gorrilla campera. A ver si nos damos cuenta de una vez que los trajes flamencos no tienen nada que ver con la charrería. |