Viaje a un paraíso ganadero

Alfonso Navalón

 

Ahora se nos ha metido en la industria metalúrgica. Hay barrotes de hierro soldados por todas partes. Ya no hay Dios que conozca los cercados de 'La Alamiriya'. Ya desaparecieron los de la malla tensada sobre los gigantescos troncos de eucaliptus del paseo central. Todas las mañanas tenían que reparar los boquetes que hacían los toros enredando con los pitones o metros enteros reventados cuando acorralaban al gallito en las peleas de venganza. Ahora encuentro los cerramientos de los toros de saca con postes de hierro soldados y empotrados en cemento. Y por si era poco un trenzado de varillas.

Llegas a la casa de 'Juanito' el mayoral y arranca un paseo de gravilla, con las paredes blanqueadas repletas de flores, hasta el arco de la casa principal. Han hecho un salón nuevo dando al jardín y dos dormitorios más. Y una terraza al poniente con vistas a la plaza y al huerto de los naranjos y los limoneros dulces. ¡Y el ascensor! Desde que el ama Marina dejó de valerse por sus pies hizo una rampa hasta el salón y luego puso un ascensor como los de los hoteles de lujo, para que el ama subiera sin molestias al palco grande y pudiera ver los tentaderos y dirigir las comidas. Ha metido la excavadora y ha desaparecido el viejo palacio de la marquesa que vivía en Barcelona. Las ruinas de la mansión de una marquesa no hacían buen papel en la finca de un republicano y con los escombros tapó el barranco del regato que baja de la sierra. Lo siento porque ha desaparecido aquel cenador romántico, rodeado de lilas y rosales, donde me retiraba cuando 'El Cordobés' se emborrachaba y le reían las gracias de sus ordinarieces. Allí, junto al estanque de piedra, de las flores lacustres, sentí muchas veces la paz de pasear entre las palmeras y el olor del azahar de los primeros de abril, cuando hacíamos los tentaderos de machos antes de ir a la feria de Sevilla.

Un año llevé a un crítico famoso que no había visto jamás los toros en el campo. Entonces tenían gallinas de Guinea en el patio del mayoral y el crítico se desveló de madrugada con el graznido de las gallinas. "No me han dejado pegar ojo el bramido de los toros, ¡es impresionante!" No conocía más que el tendido de Las Ventas. Ahora resulta que es uno de los poquitos que se puede leer... Los príncipes en el palco Ahora el jardín ha quedado más natural sin el perifollo de aquel palacio cursi que parecía el decorado oriental de una película de Ivone de Carlo. Pero allí quedan vestigios todavía de las cuadras del Caudillo Almanzor, el terror de los reyes cristianos. Todavía están en el comedor de arriba las viejas fotos con el difunto Manuel Arranz cuando fuimos a los primeros tentaderos en aquella plaza costanera, hecha deprisa con placas de cemento. Cuando estaba recién llegada la ganadería de Salamanca y el viejo Ignacio tomaba las notas y aconsejaba a Juanito de las familias que había que echarle a cada semental. Allí está la fotografía del Rey, cuando era un príncipe recién casado. Y ahí está la rareza de la foto porque también estaba Doña Sofía de luto por la muerte de la Reina Federica. Allí estamos todavía, con pantalones de campana de la época con Pepe Luis Vázquez y sus hijos, con 'Litri' padre y Emilio Motos, el rey de los gitanos de Salamanca.

Y dos crónicas mías con marco de cristal para que la gente nueva compare una crónica de toros con las estupideces que se escriben ahora. Allí están los dibujos del inolvidable Martínez de León, hechos exclusivamente para felicitar las Pascuas. Y las cabezas de toros famosos que hicieron historia cuando las corridas de esta casa iban a Las Fallas, Sevilla, Madrid (tres veces un año), Pamplona, Bilbao y San Sebastián. Veinte años seguidos a la feria de Salamanca y veintiuno a la de Valladolid. Y la cabeza encanecida del 'Tejedor', aquel semental que murió a los 18 años desparramando bravura por estas laderas de la Sierra de Córdoba. 'Criar' a los vaqueros Como entonces empezamos la jornada a primera hora de la mañana, mientras hacen los preparativos del tentadero. Un hartón de ver vacas gozalonas y becerros 'novalíos'. Diez mil hectáreas desde 'El Capricho' hasta 'Fuenterrey'. Todas mirando al mediodía. Porque la cresta de esta sierra hace una curiosa frontera. Todo lo que da al Guadalquivir es bueno. Del cerro hacia allá todo es malo. Unas mañanas vamos a 'La Cigarra' donde están las eralistas y desde un cotorro de acebuches se extiende a tus pies el majadal de 'La Dehesita', un paraíso de pasto fino cuajado de encinas y un borde de agua de nacedero.

Otro día empezamos por los cinco lotes de vacas en 'Las Laderas' de las ruinas de Medina Azahara, donde vive Sebastián, uno de los vaqueros más antiguos de la casa que anda el hombre tullido porque el otro día al ponerle un crotal a un becerro se le arrancó la madre y por poco lo mata. Más allá a la otra punta de la sierra está 'El Capricho', la finca más costanera que fue de un hermano de 'Guerrita', con una casona de principios de siglo que responde al nombre de la dehesa. En el picacho más alto vivía el 'Tío Veneno' que fue de cabestrero hasta Pamplona cuando las corridas iban a pie un mes de camino (antes de inventarse el 'tauródromo' de Juampedrito) el 'Tío Veneno' se bajaba a las primeras tabernas de Córdoba cuando le entraba la sed y ataba el caballo a la reja. Cuando la borrachera lo dejaba sin sentido, lo subían al caballo y el animalito lo llevaba sin novedad hasta la puerta de la caseta, donde se derrumbaba un día entero a dormir la mona. Ahora Zapata, un hijo del 'Veneno' es el que prepara los caballos y el sucesor de Ambrosio como picador en los tentaderos. "A los vaqueros hay que criarlos en casa. Porque vaqueros ya no quedan y los que vienen rebotados de otro sitio, no valen"... Hay diez hombres a caballo.

Más cuatro nietos que ya están metidos en el campo. Son caballos españoles de la mejor reata, puestos a punto como para torear en una plaza. Hay diez cabestros berrendos en capirote y en la vega que mira al Guadalquivir cinco tractores sembrando cebada, avena, maíz, trigo y pipas de girasol. Todas las mañanas andaban dos guardas con las escopetas a tiro limpio con las palomas que llegaban a miles desde La Mezquita. Juanito el mayoral, que vino de Martín del Río siendo un arrapiezo, le abrió el buche a una paloma y tenía dentro ¡400 pipas de girasol! El vicio de lo bravo Andrés Sánchez se queda pasmado con sus ojos de cazador deseando verlas en el punto de mira. Le traen una escopeta. Dispara al centro de aquel enjambre y recogemos 18 piezas de un solo tiro. Mañana las comeremos con arroz caldoso al terminar el tentadero de machos, cuando lleguen 'Manili' y Víctor Puerto. "Veinte sementales. Quince yeguas de vientre para que los nietos escojan los potros de mejores hechuras. Pero al tentadero de machos no puede faltar Ambrosio, que es el mejor torero que ha parido madre debajo de un castoreño. Empezó picando con Litri padre y se retiró hace dos años con su hijo Miki en Zaragoza. Pero siempre en casa de Ramón. "¡Ya se me ha quitado el vicio de lo bravo! En este negocio no hay más que rastreros y sinvergüenzas"... Y mientras lía con parsimonia un cigarro de picadura, dice que de las mil vacas bravas que me enseñó hace cinco años, sólo se ha quedado con trescientas. Por no aguantar a los taurinos. Para vender una corrida hay que echarle horas de teléfono, templar gaitas y pagar muchas comidas. Para vender doscientos becerros mansos, basta un teléfono y una merienda. Y no hay que pagar treinta mil duros de comisión al que viene a afeitarlos.

En 'La Cigarra' están las cárdenas puras que le compró a los Arjona, con más trapío que un Pablo Romero de los de antes. En otra finca, las berrendas en capirote. En otra, las limusinas coloraditas y con las caderas como Norma Duval. En otras, las avileñas negras. Otra piara de trescientos mansas en el 'Pantano del Serrano' y las charolesas puras en 'El Capricho' donde antes tenía el desecho del bravo para cruzarlas con el charolés y el morucho. Ya no es de 'El Cordobés' Pero la sorpresa está en 'Villalobillos', donde ya no queda ni sombra de las salvajadas que hizo 'El Cordobés' cuando tenía de 'consejero agrícola' a un electricista de Palma del Río. Se emborrachaban juntos y un buen día se le ocurrió la barbaridad de arrancar ¡5.000 encinas! Le hizo gracia ver cómo las derribaba un tractor enorme y lo tomó como una diversión. No sabe que una finca con 'techo' vale el doble y que las bellotas ahorran tres meses de pienso. Sólo quedaron unos cuantos corrillos donde no pudieron entrar los tractores.

Un mal día, cuando le faltaba liquidez, fue vendiendo las fincas. 'Villalobillos' fue a parar a manos de un joyero cordobés sin afición al campo, como simple inversión. Al Benítez le jodía que el sueño de su vida fuera para su amigo Ramón, que fue el que más le ayudó cuando se le pasaban los mareos de las borracheras. Ramón le descubrió 'Villalobillos' y se la compró a buen precio por tenerlo de vecino. ¡No se imaginaba lo que iba a costarle semejante vecino! Pocos años después de la venta, Ramón se la compró al joyero y le faltó tiempo para llamarme. "¡Desde mañana puedes entrar en 'Villalobillos' cuando te de la gana, que ya es nuestro!"... Al año siguiente ya tenía organizadas cien hectáreas de regadío de alfalfa. Y ahora ya no hay quien conozca aquello. Dos naves nuevas donde había un pajar en ruinas.

De aquellas cercas caídas y aquel desbarajuste del Benítez han surgido kilómetros de pared de piedra, recibida con cemento y pintada de blanco. Desde el cerro más alto me señala a lo lejos: "Mira qué bien se ven ahora las lindes!" En la puerta de entrada, por donde desfiló toda la historia del toreo en la década de los sesenta para rendirle pleitesía al ídolo de masas del Plan de Desarrollo, ha puesto un cartelón encima del machón de la derecha: "Es propiedad de Ramón Sánchez". Hay que joderse, la mala leche que tienes. Y me mira asombrado. Se lo aclaro: Ahí lo que dice es que aquí ya no pinta nada 'El Cordobés'. "Déjame en paz de hostias. Ahí sólo dice lo que está escrito". Pero tú bien sabes que esta finca es famosa porque aquí tenía su cuartel general el torero más famoso del mundo. Entiende muy bien lo que quiero decirle. La gente, al ver el letrero piensa: "Villalobillos ya no es de aquel gamberro"... Y se ríe como los canónigos cuando cobraban las rentas de la catedral. Ahora esta dehesa es como la mezquita de su imperio ganadero y no descansará hasta verla a su gusto. Las vacas 'blancas' Le ha metido los discos y las vertederas a la pista de aterrizaje del aeródromo privado y lo tiene sembrado de cebada tremesina. Y en el hangar donde guardaba el avión con el hierro pintado en el fuselaje como si fuera una vaca, hay ahora cincuenta mil kilos de paja vieja que le sobraron del año pasado. Pero tengo delante un espectáculo nuevo y le digo a Manolo Ramírez (¡cuarenta años al lado de Ramón!) que pare el coche para llevarme unas fotos de recuerdo.

En las suaves laderas, cerca de la casa, contemplo el último capricho: un lote de vacas ensabanadas, botineras y bocineras con cerco negro en los ojos y las orejas. Es como si las moruchas se hubieran vestido de primera comunión. "Las compré de casualidad y fíjate las ubres que tienen y los becerros que crían". El mayoral adivina el pensamiento: "Ya lo sé, ya tengo apartados los diez añojos de mejores hechuras". Y de ahí saldrá una parada de cabestros como no habrá otra en toda España. Me quedo mirando estas vacas albinas, grandes y hondas que deben de ser lo último que se ha salvado de las famosas vacas romanas que trajo el emperador Julio César cuando era general de la Bética. De estas vacas ensabanadas con cuernos de lira sólo quedaban las 50 que tenía Antonio Ballesteros en la finca 'Malpica' de Badajoz y desaparecieron hace más de diez años. Vivir a lo grande Andrés Sánchez no sale de su asombro.

Está harto de hacer tentaderos en las mejores fincas de Salamanca y no ha visto cosa igual. No se explica cómo teniendo una buena casa en la finca, pegando a la capital, Ramón viva hace más de veinte años en una suite del mejor hotel de Córdoba. Otra habitación fija para su hombre de confianza y ahora cuatro más para las hijas y los nietos que han venido a verlo en vacaciones. Cuando llegan los toreros y los invitados, todos se alojan en el hotel por cuenta del ganadero. La primera vez que vino Roberto Domínguez no sabía nada de esto y tenía una cuenta de diez mil duros de conferencias con América. "Que ni teléfono ni leches, que aquí no pagas ni un duro!..." Manili y Víctor Puerto se van a retrasar dos días. Ramón le mete tres vacas cada tarde. "Para que no pierda el viaje este muchacho que viene contigo".

Vacas con seis y siete años que embisten como toros. Cuando vamos a comer el potaje los chavales beben coca-cola y un invitado se da cuenta de que hay seis botellas de tinto reserva del Marqués de Riscal con malla dorada para los que bebemos civilizadamente. (Un banderillero quería echarle gaseosa). ¡Pero si cada botella vale más de mil duros! El sobrino de Pepe Halcón se queda perplejo. ¡Cada botella más de mil duros! El sábado estaba anunciado Finito de Córdoba para matar seis 'supuestos toros'. Como Ramón sabe de sobra lo que puede dar de sí el llamado 'quinto Califa' ni se molesta en ir a la plaza y va a echar la siesta. Nos entrega su abono de cuatro barreras y cuatro tendidos preferentes para que los repartamos a nuestro gusto. Andrés sigue asombrado. Y le aclaro que tiene otros abonos en Sevilla, de contrabarrera, justo debajo de la Puerta del Príncipe, para que no lo molesten al entrar ni al salir.

Y dos barreras en la feria de Salamanca. Como hace seis años que no va, se las regala al duelo del Mesón para no perder los derechos. "Yo no he visto embestir las vacas mejor en mi vida". Le digo que todavía no ha visto más que las regulares. Que cuando salga una buena se va a enterar. Y le salió el último día. Fue la única que torearon en el tentadero de machos. Para remate, al darle puerta se queda pidiendo pelea sin querer irse al campo. De los siete erales escogidos se torearon tres que podian servir para sementales. Ver a Ambrosio picando y echándoles el palo mucho antes de llegar es una lección de toreo a caballo difícil de olvidar. El último que se aprueba es completo.

Es el único que irá a las vacas. El tomavistas del mayoral Hacemos risas a la hora de comer. Bromas con el mayoral de Martín del Río, que se toma las cosas muy a pecho. El día de los seis semitoros de Finito que lo tuvo todo a placer y no fue capaz, Andrés se admiraba de la entrega incondicional del público. De los olés cerrados cuando medio se estaba quieto. A los toreros de Salamanca no nos dan esas ovaciones. Está visto que Finito no va a tener fincas como las de 'Lagartijo' y 'El Guerra'. Lo más chusco es que el mayoral de Núñez del Cuvillo y el de Jandilla, en vez de tomar notas, estaban filmando con un tomavistas. "Oye Juanito, ha dicho el jefe que de ahora en adelante tienes que ir con el tomavistas". "No creo que el jefe diga eso pero si me mandan hacer películas vestido de corto: ¡Ese día me quito de mayoral!".

Los dos toros de Jandilla ni se movieron. Dos mulos. Los de Álvaro Domecq reservones y con peligro sordo. Los de Núñez del Cuvillo entregando las orejas. Cuando a don Alvarísimo le salen los toros buenos se crece. El día de Córdoba ni se le veía detrás del burladero. Parecía mucho más bajito. Digo yo que deberían ponerle debajo una caja de cervezas, para que lo vieran. Lo mismo que a Franco cuando echaba discursos en el Palacio de Oriente, que lo subían en un taburete.

Volvemos a Salamanca, donde nos espera la nieve, el frío y el cierzo traidor. Han llegado Rosa y Pablo desde Bilbao, por si hacíamos un tentadero. Pero no salimos de la chimenea. Rosa prepara una cazuela de bacalao a la bilbaína, dos amigos portugueses han traído un lechazo y un queso de la Estrella. Vuelven Andrés y Paco Pallarés de arreglar los novillos del festival de la Virgen de los Remedios.

El torero todavía está emocionado por lo que ha visto en Córdoba: "Por lo que más quieras, llévame todos los años, que no quiero perderme los tentaderos de don Ramón..."