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Andrés Sánchez, el amo de la feria... El salmantino cortó dos orejas en faena de altos vuelos Alfonso Navalón
El pobrecito Andrés, el poquita cosa, el 'protegido' de su tío el magnate de los aviones, llevaba perdidos los mejores años de su carrera en manos de apoderados inútiles que lo dejaban sentado casi toda la temporada. Le daban contratos desesperados, corridas terroríficas de moruchos deslucidos. Una y otra vez, a estrellarse en Madrid con toros de imposible lucimiento. Este último año, un apoderado de campanillas y a la hora de la verdad Victoriano Valencia no le ha dado ni un contrato decente. Después de ser el triunfador de la pasada feria, no ha toreado ni en una sola plaza de la provincia. Cuatro actuaciones en cosos de poca monta y con ganado sin garantías. No me extraña que al darle de limosna una sola corrida en esta feria, el chaval, sin ilusión ni esperanza, pensara retirarse del toreo si las cosas no le rodaban bien. Todo lo tenía en contra y para mayor penitencia arrastra una temporada de pinchaúvas, estropeando todo lo que hacía con la muleta al matar deplorablemente. Así llegó a la tarde de cara o cruz. Se fue detrás de la espada como un tigre después de haber perdido la oreja en su primero. Cortó dos orejas en una faena importante de torero de altos vuelos. Ayer volcó otra vez el corazón para sacarle a cada toro más de lo que llevaba dentro. Dos faenas importantes porque no era fácil estar delante de ninguno. El tercero, manso y huidizo, aquerenciado en el cinco, llegó a la muleta pegando arreones peligrosos hasta arrancársela de un derrote. Andrés la recuperó en el aire. Aguantó, consintió, a fuerza de mando y dominio, someterlo en los medios, con una seguridad y un buen corte de torero impropios de quien sólo ha hecho tentaderos y algún festivalito. Lo del sexto tuvo todavía más mérito. Un torero como Ponce se había ido de vacío y El Cordobés con un enemigo soso y parado acabó en silencio después de cuatro pinchazos a la masa inmóvil. La tarde estaba ya perdida y el público bastante harto. El toro del salmantino se había ido de salida a chiqueros, había manseado en varas y llegó a la muleta descompuestillo y tardeando. Le costaba mucho tomar la franela y a fuerza de consentirlo y templarlo, cuando ya no esperaba el público nada, sacó cuatro naturales superiores, sonó la música y se levantó la gente. El resto fue la torería y la seguridad propia del que está toreando todos los días y no la desesperación del que se lo juega todo en la última oportunidad. Otra vez la estocada entrando por derecho. Y la salida en hombros que lo consagra por méritos propios como el triunfador indiscutible de una feria donde el público estaba entregado a José Tomás y rabiando por no poder resucitar a Pepito Arroyo. A propósito de Pepito, resulta pueril ese esfuerzo de la llamada competencia por hacernos creer que sigue siendo una gran figura y lo único de buen torero con los desmochados de Garcigrande lo hizo el moribundo cascarrabias, que tuvo que recurrir a la ordinariez de las manoletinas y ni con ésas fue capaz de cortarle una oreja a un toro que salió entregándole las dos. Por ésta y otras tonterías de bulto tendré que dedicarle una coletilla final al suplemento de 'La Gaceta' que en esta feria han vuelto a dejársela ir sin dar una a derechas, salvo aisladas y honrosas excepciones. Lo de Ponce ya está dicho. Lo de El Cordobés hay que resaltarlo porque ha sabido romper ese sello de torero pueblerino para torear con el capote y la muleta con mejores trazas que muchos elegantes exquisitos. A este torero lo desborda la raza, la entrega y aparte de sus espectacularidades tiene un fondo de torero serio más importante de lo que algunos piensan. Los cursis que presumen de buenos aficionados, consideran una obligación descalificarlo, para darse pisto de exigentes y entendidos. El chaval los está dejando en ridículo constantemente. Es bastante mejor torero de lo que dicen los críticos y no está lejos el día que traiga a las figuras por la calle de la amargura. Tiempo al tiempo. La mala suerte nos quitó a un Sánchez de figura. Era el elegido. Ahora sale otro Sánchez con el que nadie contaba. ¿Estarán borrachos? Los desvaríos de la 'competencia' He hablado pocas veces con Enrique Ponce. Me figuro que le dará algo de vergüenza ser figura del toreo al lado de dos cantamañanas como Pepito Arroyo y Fran Rivera. Con semejante competencia, anda como Pedro por su casa. Semejante vergüenza siente servidor cada vez que esparramo la vista por las páginas del antiperiodismo de la supuesta competencia. Ser el mejor crítico de Salamanca ante semejantes 'rivales' es como echarse a la bartola debajo de un fresno y rascarse la barriga hasta que el vaquero te avise que hay amenaza de tormentas por el oeste. Después de tantos años dándole un repaso antológico, esperaba que esta feria se apretaran los machos y nos dieran algo de guerra. Los de 'La Gaceta' llevan no sé cuántas reuniones preparando su estrategia para borrarnos del mapa. Y ni adrede pueden hacerlo peor. No me extraña que el admirable Íñigo esté hasta la bragueta de aguantar a sus huestes tan numerosas como inútiles. Un periodista de raza como Íñigo tiene que llevarse unos berrinches de muerte cada mañana cuando compare los abortos de su nutrido batallón, frente a las improvisaciones de TRIBUNA, que hacemos un suplemento con muchas más páginas y entre cuatro amiguetes que sólo nos vemos a paso de banderillas el rato de escribir la crónica. Lo malo de los taurinos de 'La Gaceta' es que sólo nos temen a nosotros y miran por encima del hombro a los de 'El Adelanto' y mira por cuánto los de la Gran Vía, sin pretensiones estelares lo están haciendo mucho mejor que ellos. Los de 'El Adelanto' se ajustan más a lo que ha pasado en la plaza que el nutrido batallón de los de la avenida de Los Cipreses. Lo malo de los prepotentes asalariados del periódico 'líder' es que andan obsesionados con hacernos la contra. Y no dan una. Por ejemplo, como sospechaban que un servidor es tan tonto que iba a poner mal los toros de El Capea, saliendo como salieron, se han pasado de darle coba y han hecho el ridículo. No quiero dar nombres porque son amigos. Pero hace falta estar borrachos o idos para escribir la siguiente tontería: "El sexto ¡una maravilla! de temple, galope, fijeza y recorrido. ¡De indulto!". Si en algo estamos de acuerdo todos es que se tenía que estar delante, como estuvo Ponce. Recordemos la ficha del mentado sexto, a ver dónde coños aparecen los méritos para el ¡indulto! Un toro que intentó tres veces saltar al callejón (la tercera después de picarlo), que salió espantadizo y huyendo de los capotes, que fue manso en varas y se fue suelto descaradamente y que después de un principio de nobleza y embestida franca se vino abajo en la muleta, quedándose a la espera con media arrancada... Ya me contarán ustedes cómo puede ser toro 'de indulto' el que se espanta de los capotes, se va suelto del caballo y para remate intenta tres veces marcharse de la plaza. ¡Nos habéis tomado por tontos o pensáis que el personal no se fija en lo que hacen los toros en la plaza...! Ya sé que lo habéis hecho por revanchismo, imaginando que servidor iba a poner mal la corrida de El Capea. Pero ya os habréis enterado que la respeté contando todo lo que tuvo de malo y de bueno, sin cargar las tintas, ni gastar esta vez bromas del mono o del orangután. Fue una corrida de mala nota para el ganadero y notable para los toreros. Y todo lo que no sea reconocer esto son ganas de mear fuera del tiesto. Se le puede dar coba a un personaje. Pero sin hacer el ridículo. Si usted es un rendido admirador de Pedro Moya, puede tener mil formas de halagarlo pero si dice que es alto, rubio y con los ojos azules, lo van a tomar a pitorreo. Y hasta al propio Capea, que sabe mejor que nadie cómo ha sido su corrida, se le habrá caído la cara de vergüenza ante esa insensatez de que el sexto era ¡de indulto! ¡Es que sois como niños! No me extraña que a Íñigo se le caigan los palos del sombrajo cada mañana que contempla vuestras paridas. En otra sección del mismo periódico leo que "para ejemplo de tantos ganaderos que no aciertan a criar un toro de máxima garantía, El Capea ha mandado una corrida de presentación y juego extraordinarios. Que no vengan otros críticos desprestigiando a esta ganadería por ser quien es el dueño"... No sabía que ser mansos declarados hasta llegar a banderillas fuera un "juego extraordinario", pero acuso recibo de eso de "otros críticos" que van a desprestigiarla por ser de El Capea. Ya veis cómo os habéis pasado de listos. Porque el único crítico que podría hacer eso soy yo y está clarísimo que resalté sus muchas virtudes, en la radio, en el coloquio y en la crónica. Mi deber de crítico es señalar también los defectos de los toros, que siendo graves, no empañan el juego general pero dejan con el culo al aire a los que ignoran estas faltas y exaltan sólo lo bueno. Una buena corrida para los toreros y lo demás son estúpidas adoraciones y partidismos infantiles que no le harán gracia ni al propio ganadero. Al que a estas alturas no le vais a equivocar con halagos. Como ya falta poco para acabar la feria espero que los de 'El Adelanto' a la chita callando os sigan echando la pata por el hombro. Porque lo nuestro no tiene mayor importancia. Nosotros, de dormidos andamos a cinco leguas por delante de vosotros. Y es una pena porque con la cantidad de años que lleváis en esto, ya es hora de que hubierais aprendido algo. |