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¡A
coger algarrobas! (I) (La vergüenza de unos futbolistas pijos)
Alfonso Navalón
En la crónica pasada dejábamos la sesión de entrenamiento a la puesta de sol, después de doce horas de ejercicio con tres prudentes pausas que totalizan las tres horas justas que precisa el cuerpo del atleta para su relajación mental. Como no es aconsejable la vuelta a los alojamientos en confortables autocares con hilo musical, televisión y aire acondicionado, el regreso al pueblo solía hacerse a pie, cubriendo la moderada distancia de uno a dos kilómetros de plácido paseo disfrutando de la fresca del crepúsculo. Este paseo tenía por objeto tonificar la musculatura y completar los ejercicios respiratorios, para lo cual se autorizaba fumar un cigarro de picadura de cuarterón o de 'Ideales', única forma de comprobar si los atletas tenían la suficiente capacidad pulmonar para enfrentarse a la jornada siguiente. Esto de los ejercicios respiratorios tenía una importancia capital porque de ahí dependía la medida del 'resuello individual'. Si un individuo portador de la gloriosa camiseta (antes roja) no tiene probado el resuello, difícilmente podrá anticiparse a la acción del contrario. Los seleccionadores de la vieja escuela tenían métodos diferentes a los de Clemente. Para medir la capacidad de correr la banda propia de un extremo izquierda había que superar las pruebas de Gento o de Gorostiza. Lo de Gento consistía en estar la víspera de putas. Para lo que previamente el seleccionador hacía la vista gorda si se deslizaba por una ventana o sobornaba al conserje del hotel. Cuando el jugador regresaba al filo de las siete de la madrugada, era sometido a un reconocimiento médico exhaustivo para comprobar sus expulsiones seminales. En caso de duda el presidente de la federación lo obligaba, bajo juramento, a confesar el número de eyaculaciones. Comprobado su agotamiento genital se le autorizaba un descanso discrecional hasta una hora antes del partido. Luego salía el cántabro y metía un gol por su cuenta, dejando planchados a los medios y los defensas en una de sus famosas galopadas. Después ponía dos goles en bandeja al interior derecho o al delantero centro. Los viejos entrenadores tenían en cuenta la personalidad de cada jugador y como Gento precisaba de una terapéutica especial, no era aconsejable que saliera con la ansiedad de practicar el acto sexual. Gento necesitaba una relajación previa muy concreta. Como la necesitaba Gorostiza, al que el mismo día del partido se le dejaba la mañana libre y parte de la tarde para que vaciara todos los chiquitos de los bares de los amigos, hasta redondear una borrachera de tercer grado. Logrado este objetivo, lo metían en la ducha, le ajustaban las botas de tacos y con la resaca no había dios que le echara mano cuando enfilaba la banda de sus gloriosas escapadas. Como quiera que a pesar de frenar su admirable fondo físico con el chacoli y derivados, en muchos partidos andaba sobrado de facultades, lo obligaron a superar la prueba de las purgaciones. Y también pudo con ellas. Por aquel entonces el sufrido extremo se desahogaba con una puta de Erandio y tuvo la mala suerte de agarrar un 'paquete'. Como no había penicilina tenía que curarse con infiltraciones de permagnato por la uretra. Así llegó a un partido contra Francia y en vista de que no dejaba de echar pus por el pirindolo le colocaron un braguero forrado de algodón para evitar maledicencias. Y se lo renovaron en el descanso. En aquel glorioso partido venció España gracias a un gol de Gorostiza y otro que le dejó muerto a los pies de Igoa. ¡Eso eran futbolistas nacionales como Dios manda y no este Raúl que desde que se ha echado novia mete un gol de puta casualidad! A aquellos jugadores no hacía falta entrenarlos con el gancho de los garroberos. A éstos como no le hagan eso ya veis que no son capaces de ganarle ni a Nigeria, cuyo presupuesto futbolístico nacional no llega ni a la mitad del del Barcelona. Decía que los ejercicios de capacidad pulmonar y resuello son muy importantes porque el atleta garrobero, durante las doce horas de entrenamiento, ingiere una importancia cantidad del polvillo de la tierra, mosquitos de pequeño tamaño y mucho 'tamo' al cortar el tallo de las gramineas (o leguminosas que no lo sé a ciencia cierta). Esto provoca obstrucciones en la traquea y sobre todo en la mucosa nasal, incapaz de filtrar tamaña cantidad. Pero tiene fácil remedio: Se tapona con un dedo uno de los agujeros de la nariz y se expulsa el aire por el otro. Sale entonces una mocarrada espesa y negruzca, quedando limpio el pulmón de ese lado. Se repite la operación con el otro agujero nasal. Se toma, a modo de tónico, un lingotazo de tinto con una temperatura media de 32 grados a la sombra. Y puede rendir sin problemas otras dos horas. Si yo fuera Franco, a Clemente y a toda esta banda de gandules los ponía a coger garrobas de sol a sol. Veríais cómo entonces ni Ronaldo ni Dios bendito vestido de futbolista eran capaces de oler un balón. Pero como a Clemente le dan doscientos millones por jugar al golf en los ratos libres y además se empeña en seguir poniendo a Zubizarreta, nos ganan los negritos y nos puede ganar hasta el Paraguay. Poco faltó, este artículo estaba escrito el pasado martes. |