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Adiós a 'Buenacara'! Un toro solitario que busca la libertad Alfonso Navalón
Largo y hondo, arrogante, se mueve como un rey por los valles y los cerros. No hay paredes que aguanten sus ansias de libertad y se ha pasado más tiempo campeando por los montes y los caminos de los alrededores que dentro de la finca. Ha sido la pesadilla de pastores, caminantes y cortacinos del contorno cuando aparecía de improviso con su tremenda presencia y esos pitones como dos puñales mirando al cielo. Por eso los apoderados lo fueron dejando ahí: "Ése no, que es muy agresivo". "Ése lo dejamos, que tiene una cabeza para asustar a cualquiera". Y sus hermanos fueron muriendo en Calahorra, Murcia y Marbella, pero no hubo forma de encajarlo en ninguna corrida, Viajó hasta los corrales de Calahorra flaco y lleno de golpes, de varetazos, de costurones en la piel. Después de recogerlo cuando llevaba más de un mes escapado por esos mundos de Dios. Después de tratar de sujetarlo en el cercadillo de la 'cárcel' durante un mes a pienso libre y trato espléndido no logramos verlo lúcido. Se consumía al sentirse preso y comía poco o no le aprovechaba. Hasta que un día le pegó un pechazo a la pared y al alambre de espino y se fue echando porteras a los lomos hasta que desapareció otra semana por lo más espeso de Las Matas. Nos perdonó la vida varias veces. Pasábamos rozando el sitio donde estaba ensotado y se quedaba pegado al suelo como un conejo. Podía haberse levantado y cosernos a cornadas pero tenía alma de fugitivo y ni resoplaba cuando sabía que andábamos buscando con las dos escopetas y los caballos y el todo terreno para meterlo por la brava en el cercado de la rivera a ver si 'atropaba' con los novillos o los becerros. O le echábamos cuatro vacas 'toriondas' a ver si se encelaba. Esa misma noche volvía a tirar paredes, arrollar alambradas para hacer su vida solitaria. Milagrosamente pudimos engañarlo para meterlo en los corrales y se embarcó para la corrida de Calahorra. Tenía leyenda en toda La Rioja. Lo habían visto muchos aficionados de allí emprender sus famosas fugas, su astucia para encaramarse en un peñasco donde no lo pudiéramos acosar, su facilidad para fingir que iba huyendo a toda carrera y se quedaba tapado entre las escobas o el monte bajo. Hermosa cornamenta Todo el pueblo fue a ver a 'Buenacara' a los corrales de Calahorra. Creíamos que lo salvaría su hermosa cornamenta, pero ya digo que estaba escurrido y lleno de golpes. Los veterinarios lo rechazaron. Y otra vez de vuelta a 'El Berrocal'; llegaba el apoderado de Aparicio: "No, ése no". El de Víctor Puerto: "Quita ese toro, que achica la corrida". El de 'El Cordobés': "Ese veleto parece un ciervo y no iguala con los otros". Sus hermanos iban muriendo por esas plazas y el toro seguía aquí como parte de la finca. Cada dos por tres llegaban los de Alameda: "Como lo vuelva a ver suelto le pego dos tiros". Denuncias, disgustos, broncas, que si me ha cubierto una vaca y a ver cómo vendo ahora el ternero si sale bravo. En el mes de febrero logramos dominarlo y no se ha vuelto a saltar del cercado grande de la Rivera. Se nos ocurrió probar con el pastor eléctrico y cuando iba tan decidido a liarse la malla en la cabeza y romper la alambrada sintió la descarga en el belfo y se asustó. Ya no ha vuelto a moverse. Ya ni hace falta ponerle el pastor. Con sólo ver el hilo de las estacas bajas, se da la vuelta y no ha vuelto a dar un ruido. Mira, ¡eso es un toro! Sigue como siempre sin aguantar a nadie y sin dejarse acercar. En cuanto siente gente, se encampana y arranca a correr con ese galope majestuoso de punta a punta del cercado. Se ha quedado ahí como un lujo para enseñar: "Mira, eso es un toro y lo demás son cuentos". Y la gente se queda admirada al verlo tan grande y tan serio, tan señorón y tan dueño de sus terrenos. Se ha pasado de edad. Podía haberlo echado para una de rejones, pero nunca me tomé en serio venderlo y en el fondo me gustaba tenerlo ahí como un escudo o una bandera de la ganadería. Mira eso es un toro y lo demás son cuentos. Podía matarlo a puerta cerrada para entrenamiento de un torero, pero me iban a dar cuatro perras y además le cortaría sus temibles pitones. Como otros tienen un caballo pura sangre o un perro de lujo, yo me doy el gustazo de ver todos los días al 'Buenacara' y en paz. Más cuesta una querida a muchos, que ni les aprovecha y además les pone los cuernos. Así que el toro se ha hecho como de la familia, pero sin darnos ni la menor confianza. En cuanto nos ve, ya empieza a alborotarse. Un día el hijo de Victorino, le dijo a los de Coria eso de "tiene un toro que podía ser la admiración de los sanjuanes". Y una mañana de abril se me presentaron los amigos de Coria a comprar el toro, con José Antonio Chávarri al frente como 'abanderado' del Ayuntamiento: "Te quise vender al mogón que es más grande, más ancho y pesa cien kilos más. El 'Buenacara' se escondió en el rincón de las encinas. Casi estaba hecho el trato con el mogón. Lo llevamos por tratarse de ti, pero nos gusta echar toros limpios y nos van a calentar la cabeza por lo del cuerno. De pronto apareció el 'Buenacara' desafiante y soberbio. Se plantó delante del coche y salió otra vez a todo correr para esconderse entre las encinas. ¡Ése es el toro que nos decía Victorino! Y ya no se habló más. Nos fuimos al teso de la casa. Bebimos y comimos queso en aceite y vino de pitarra. Yo saqué un reserva de Monterreal que no tenía nada que envidiarle al 'Buenacara', y hablamos de los viejos tiempos, de aquellos sanjuanes de hace 20 años cuando se nos juntaba la noche con el día corriendo delante del toro por el atrio de la catedral plateresca. Aquella crónica Cuando me cogió al lado del castillo aquel toro de Victorino que se llamaba 'Valenciano' y aquella crónica en 'Informaciones' relatando cómo al salir el sol Chávarri cogía el rifle y lo mataba de un certero disparo en la frente. Cuando se publicó la crónica en plena censura franquista, coincidió que esa misma mañana había muerto el general Camilo Alonso Vega, tantos años ministro de la Gobernación y brazo derecho de Franco, en los secretos tenebrosos de los sótanos de la Dirección General de Seguridad. Entonces estaba al frente de toda la Policía un antiguo compañero de estudios de mi padre y un día me llamó a su despacho: "Por ser hijo de quien eres, acabo de destruir la ficha de rojo que tenías en los archivos. Que no se te vuelva a ocurrir firmar ningún manifiesto, y procura que en los artículos se note menos cómo piensas, porque para mí, sería muy desagradable_" Se había muerto ayer mañana don Camilo y en las centrales aparecía mi crónica de los sanjuanes de Coria. Con la inconsciencia que me caracteriza, puse el título que tenía en la cabeza la media España perdedora: "Y lo mataron de cuatro tiros al amanecer"_ Eduardo Delgado, subdirector y maestro del periodismo moderno conocía muy bien los calabozos de la Puerta del Sol. Al ver los titulares dio un respingo de complicidad y de gozo. De pronto me entró la prudencia. Me acordé del director general de Seguridad, el amigo de mi padre. "Mira Eduardo que nos la jugamos". Pero el subdirector estaba enamorado del título y se fue él mismo a los talleres para colocar las letras más grandes. Hizo una prueba y vino con las manos pringosas de tinta, convocando a toda la redacción para enseñarnos la hoja. ¡Fijaos qué maravilla de centrales vamos a sacar mañana! Yo, erre que erre, que nos la jugamos Eduardo, que nos enchiqueran a todos. Llama a Miguel Ángel Gozalo y que decida. ¿Pero cómo vamos a molestar al director por una chorrada así? "Este gustazo no me lo quita nadie. Además no te pueden hacer nada. Dices bien claro que el que murió de cuatro tiros fue el toro de Coria y no don Camilo, que se lo merecía más que el pobre toro"_ Al medio día me llamó el amigo de mi padre: "Hemos tenido reunión esta mañana por el articulito, menos mal que has sabido cubrirte bien, pero se te ha visto la intención. ¡No me jodas y deja de jugar con estas cosas! El director me llamó al despacho para darme un abrazo: "Esta vez la jugada nos ha salido bien". Ahora me paso los días deseando que no lleguen nunca los Sanjuanes de Coria. Es muy triste encariñarte con un toro sabiendo lo que le espera. Es muy triste criar un toro para que muera por las calles. Y lo maten de un tiro. Quiera Dios que esa madrugada no se cruce en su camino un pobre borracho o un loco inconsciente y acabe colgado de los puñales del 'Buenacara'_Cuando se vea solo en medio de la noche, embistiendo a la multitud, se acordará de su reino de 'El Berrocal' y preguntará angustiado ¿por qué me ha hecho esto? Noble y bohemio Desde que empezó a ser utrero que es la frontera entre la adolescencia y la juventud, empezó a destacarse de los demás por sus hechuras y sobre todo por el comportamiento. Entre una camada de gachos y cornidelanteros, todos cómodos de cabeza, me puse a la moda de los que aspiran a ser ganaderos de las figuras, sin comerlo ni beberlo. La culpa fue de aquel semental 'Delicioso' que se murió hace dos años misteriosamente, cuando lo estaba dando superior. Me había desorientado el 'Caminero' en el que tenía verdadera ilusión porque lo habían indultado en una mano a mano entre 'El Yiyo' y Esplá. Le eché las 20 vacas más bonitas para probar y acabó volviéndose loco. Daba un alto porcentaje de bueno, pero cuando menos lo esperabas en un tentadero, salía una o dos becerras mansas perdidas de no querer ver al caballo y pegar espantos cuando se lo echabas encima. Luego en las plazas pase unos berrinches de miedo. En Alicante uno de vuelta al ruedo y otro de banderillas negras. En otra novillada de Guadalajara me perdonaron otro de banderillas negras, porque el presidente era partidario mío. En Zaragoza otro de vuelta al ruedo y otro manso perdido. Así que en aquellos festivales de Gallegos de Argañán, antes que el golferas del alcalde me desplumara, salió de rejones para Curro Bedoya y embistió a los capotes con una nobleza que nadie diría que estaba toreado. Un semental tan desconcertante con tantas cosas excelentes y tantas rarezas vuelve loco al más pintado y Ramón me mandó al 'Delicioso' que era hijo de un toro indultado en Pozoblanco, gacho y poquita cosa. Cuando le di las quejas a Ramón me dijo que no me importara: "Si necesitas gasolina, éste la tiene de sobra". 'Buenacara' fue el único hijo veleto y cornalón de este semental tan pobre de cabeza. Y empezamos a llamarlo 'Caraguapa' pero no sé por qué se quedó con 'Buenacara'. Salió así por un misterio de la genética por el salto atrás de alguna 'Africana' o 'Española' que eran las vacas cornalonas del viejo Arranz. Y ya desde que entró en el cercado de los utreros, empezó a mostrar una personalidad diferente a todos. Solitario, no atropaba con ninguno, andaba siempre escotero. Noble, porque nunca nos hizo una cosa fea ni el el pienso ni en los apartados y yo decía que además era bohemio, porque tenía que parecerse al amo. Esa vida a su aire. De aparecer y desaparecer sin motivo. Y sobre todo, ese desprecio a los demás, como si se considerara diferente o superior. Se daba el caso que siendo el más aparatoso, nunca ejerció de capitán. Nunca lo vimos pelearse ni abusar de su trabajo, ni atravesarse en una partera. Se dio el caso que un día le plantó cara el 'Cabreao' que lo llamábamos así porque tenía mal carácter y a la menor te pegaba una arrancada. Este novillo fue el que le atravesó la barriga a Juan el vaquero. Era poquita cosa y gacho como su padre. Cuando el 'Buenacara' lo vio venir en son de pelea, volvió ancas y se fue sin hacerle caso. Y pensamos que iba a ser un cagón incapaz de enfrentarse a los demás, como esos hombres grandones y pacifistas que no tienen una mala palabra con nadie. Cuando los fuimos a desparasitar no aparecía por ninguna parte. Hartos de buscarlo por las fincas de alrededor, apareció de pronto agazapado entre el hueco de dos peñas como un jabalí. No se había movido del cercado a pesar del jaleo que se arma para juntarlos a todos. Pero un día que hicimos cuestión de honor meterlo en los corrales para desparasitarlo, le pusimos la furgoneta atravesada en un portillo para que no se escapara. Al sentirse acorralado, se arrancó como un tren en busca del portillo, desguazó una puerta de la furgoneta y reventó las dos ruedas a cornadas. Creíamos que nos comía a todos. Así que le dimos puerta y lo dejamos por imposible para que siguiera haciendo lo que le diera la gana. Las pocas veces que se ha encampanado cuando le llevamos la contraria, no hemos sido capaces de aguantarlo. Da verdadero terror cuando se te queda mirando fijamente con la intención de embestir. Sólo con la intención. Así es este toro que se sale de todo lo conocido. Ahora comprenderéis por qué lo llamamos además "El Rey de 'El Berrocal'". |