Lo que "enseñan" los toros en el campo.

Solo para los buenos aficionados.

Abstenerse los toreristas los del clavel y las tontucias de Carmen y Cristina.

Alfonso Navalón

 

Torear vacas ha sido la mejor puesta a punto unos meses antes de empezar la temporada o para coger el sitio después de una cornada y antes de reaparecer. Ahora los toreros dedican mas tiempo el entrenamiento físico y a torear de salón que a conocer el ambiente del campo y vivir en las fincas de los ganaderos para estar todo el día en contacto con el ganado incluso ayudar a los vaqueros en las faenas de apartar desahijar o repartir el pienso. La observación del toro en su vida diaria es de mucho provecho porque se sacan mas experiencias que en las clases de las escuelas o en los entrenamientos físicos. Al lado de un vaquero viejo o siguiendo de cerca las reacciones y querencias del ganado se aprende a conocerlos mejor. Simplemente observando como pasan las porteras o como se comportan al entrar en los corrales para vacunarlos, o su forma de estar en los comederos del pienso, se sabe ya con mucha aproximación como va a ser en la plaza.

Los tranquilos son más bravos

Por lo general el toro alborotador o encampanado constantemente luego en la plaza es menos bravo que el tranquilo que parece manso. El que pasa las porteras rápido y violento o el que se muestra receloso y desconfiado, no son nobles en el ruedo y donde se descifran muchas dudas es al embarcarlos por la forma de tomar las puertas de un chiquero o al entrar en la jaula de un camión. Otra fuente de datos valiosísima son sus reacciones en el herradero y sobre todo su forma de salir del mueco cuando llevan la piel chamuscada y sienten el dolor del hierro candente. Durante muchos años tomaba nota minuciosa de estas reacciones y siempre tenían relación con su comportamiento en la lidia.

A veces cuando pasaban todas las pruebas ponía una nota al margen ¡Bravo! Y no fallaba en la plaza. Eran los becerros que remataban abajo al sentirse encerrado los que no bregaban al aprisionarlos en la trampilla y se quedaban apretando con las cuatro patas al sentir el castigo, los que no berreaban con escándalo, porque hay un berreito sordo como de cabreo contenido que solo lo hacen los bravos.

Luego la prueba definitiva era la salida, cuando no se fijan que al fondo del cercado están los cabestros y sus hermanos y se revuelven contra el mueco y la gente, envisten contra todo lo que encuentran por delante.

Los maricones no fallan

Otro punto de referencia importante son las peleas. Los matones, los que muestran mas fiereza con sus hermanos no son luego en el ruedo los que más se entregan. Los tranquilos salen mejores y los que no suelen fallar son los maricones tunantes. Una vez me dijo Antonio Bienvenida que cuando los toreros me dejaran elegir en los muchos festivales que toreaba, primero me fijase en las hechuras y sobre todo en el que estaba solo porque le pegaban los otros y, no fallaba el que le daban por el culo los demás. Y eso va a misa. Es dificilísimo que falle en le ruedo un toro maricón que suelen salir los más nobles y con mejor temple en la muleta. Como veréis esto no se corresponde en la vida de las personas, porque por ejemplo la Maricona de Villarino ni es bravo, ni es noble y tiene todo el peligro sordo y traicionero de los mansos y cobardones en cambio le da mucho resultado para escribir de toreros en un periódico de Salamanca sin saber una palabra de toros ni de toreros. De los toros le da asco y de los toreros solo le gustan las nalgas y el paquete, pero se jode porque lleva toda la vida queriendo bajarle los pantalones a Valverde no lo consigue.

Como veras un buen critico, cuando pone ejemplos de lo que escribe, el aficionado lo entiende mucho mejor . Ahora ya sabéis todos la diferencia que hay entre un noble toro maricón y un trepa lameculos. Basta con observarlos para saber el juego que pueden dar.

El novillo que servía de cabestro.

Casi todos los toros que en el campo dan muestras de docilidad luego son bravos en el ruedo. Y los que comen en la mano o se dejan acariciar que pudieran parecer mansos luego son bravos. Ahí están las viejas fotografías del famoso toro "Civilón" con todas las niñas de Cobaleda jugando al corro con él en medio del campo y luego dio un juego extraordinario en Barcelona. Yo tenia un novillo marcado con el numero 21 que nos servia de cabestro para manejar a todos los demás . Iba detrás del saco del pienso a donde quería el vaquero. Y lo seguían todos sus hermanos.

Recuerdo que cuando llego el camión para embarcarlo el chofer y el representante de la empresa se pusieron como fieras al ver que ni siquiera estaban en los corrales. Le dije que cuando terminaran de colocar el camión en la boca del embarcadero ya estaban los novillos encerrados. Le di una voz al vaquero, cogió el saco al hombro y detrás del 21 vino toda la novillada y entraron sin ningún ruido en los corrales. Y el vaquero a pie delante del 21. Mas burrito es difícil encontrar otro. Se lidió en un festival en Eibar, con Esplá, Campuzano, Ruiz Miguel, Luis Reina y otro que no recuerdo. Le tocó a Luis Reina que acababa de tomar la alternativa y fue tan bravo y tan noble que al coger la muleta echó las dos rodillas al suelo y empezó a torearlo por naturales sin darle un solo pase de tanteo. A todo esto el camionero y el de la empresa les habían hecho muy mal ambiente los toreros porque decían que el 21 iba a salir mas manso que una burra. ¡Y le dieron la vuelta al ruedo!.

Estas y otras cosas solo se pueden aprender viviendo en el campo y observando al ganado. Cuando mis detractores me ponen a parir, todos están de acuerdo en una cosa: "Es el que más sabe de toros". Lo que más cartel me dio cuando llegue a Madrid, completamente desconocido, para escribir en el "Ruedo" fue cuando los toreros y taurinos del callejón se dieron cuenta con la rapidez que "veía" a los toros al salir al ruedo.

Nada más por hoy. Me ha perecido oportuno contar algo de lo mucho que aprendí desde niño en mi constante trato con el ganado. Esto no lo vais a encontrar ni en el Cossio, ni leyendo lo que han escrito los cronistas mas famosos de la historia, que conocían muy bien a los toreros pero no habían pisado las boñigas de los toros.


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