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Carta a José Antonio Chopera Que está viviendo una ilusión tardía |
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Alfonso Navalón |
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Verás, golferas, Lo tuyo me preocupa y me divierte... y me hubiera gustado vivir en Madrid para seguir de cerca esta última locura de tu vida. Porque lo tuyo como mandamás del toreo puede ser una película apasionante de resultados imprevistos. Pero reconoce que la vid es injusta, aunque ahora seas la envidia de ese mundo del toro que a primera vista parece algo maravilloso y los dos sabemos que es una puta mierda. Te han puesto en el trono cuando vas a cumplir setenta y dos años y eso no deja de ser una putada cuando ya estás de vuelta de tantas cosas. Sobre todo tú que has vivido como un potro de carreras o te quedabas sin dar golpe como un árabe mira a las arenas del desierto. Lo peor es que esa tensión de tu poderío me está molestando porque me dan la tabarra para que te pida favores como si yo fuera un mercenario de la amistad. "Oye que tú eres amigo de José Antonio Chopera por qué no me haces está gestión". Y los oigo como el que oye llover, porque ya sabes la cantidad de amigos "de toda la vida" que salen cuando uno está en el machito. Me divierto pensando en los cirios que vas a montar, cuando hagas memoria de las cornadas que te han tirado los mismo que ahora vendrán a poner la mano. Algunos van a llorar lágrimas de sangre Algunos de los que quisieron ponerte el pie en el pescuezo las pocas veces que estuviste en la cuerda floja. Y ahora la vida te brinda el placer del desquite aunque todavía tendrás que tragarte todos los sapos. Tus amigos me cuentan como está organizándose ese imperio que todos ya sabemos quien te ha regalado porque cuando te daban perdedor yo sabía que eras más listo que todos juntos. Asómbrame tu repentino sentido del trabajo porque estás hasta las doce de la noche trajinando en tu habitación y a las ocho de la mañana ya estás puteando a Manolo Cano que lo traes con la lengua fuera y no le das tiempo ni chuperretear el puro. Me han dicho que no delegas en nadie. Que lo controlas todo. Que aquel vago que se pasaba las semanas tumbado en el barco, haciendo las ferias y contratando a los toreros por teléfono, ahora va camino de superar al animal de tu primo Manolo que era una fiera del trabajo. Lo que ya me parece una horterada es que te hayas instalado en una suite del Wellington, como si fueras un nuevo rico. Te ha gustado siempre estar al margen del taurinismo y ahora te has metido en la mitad de la charca, donde vas a tener que soportar patosos y pelmazos a tutiplen. Aunque te hayan cedido la suite casi gratis, un buen marinero no debe meter el barco en medio de la tempestad. Después de todo es hermoso que al final de una vida veas cumplido el sueño más deseado. Pero no te vayas a pasar en el goce refinado de la venganza, porque tú siempre has sido un poco Maquiavelo a la hora de ver venir a los que alguna vez te obligaron a ir. Ya sé que estos últimos años te jodía bastante que tus etílicos sobrinos te miraran por encima del hombro, porque tenían más pasta y más plazas, pero de eso ya se darán cuenta sin necesidad de ponerlos firmes. Y sé también que bajo esa piel de pantera hay un corazón sensible que te cuesta enseñar y no te vas a olvidar que la vida ha sido muy injusta con el buenazo de tu hermano Javier, a quien tanto queremos todos. Me admira la habilidad que tienes para torear a la prensa, sobre todo a tus acólitos de Salamanca. Se han creído que el muchacho de tu amigo Capea irá dos tardes a San Isidro. ¡Qué disparate! Tú eres el padrino del torerín y no vas a consentir semejante suicidio. Ahora mira a ver si arreglas el chanchullo de la televisión con El Fenicio y le compras una peineta a La Lirio para que vaya a la plaza con La Flor de Villarino. Que también conviene cuidar estos detalles. Un saludo de puta a puñetero, Alfonso Navalón |