|
Hoy va de crónica rosa…. El padre de Bertin Osborne ligaba más El perdedero de Paco Camino en la carretera de Galapagar |
|
Alfonso Navalón |
|
A veces me dan tentaciones de contar todo lo que he vivido entre los personajes del mundo taurino….fuera de la plaza. Por ejemplo como una noche de feria, me encontré en la cama de un hotel a Ángel Teruel con una señorita burguesa que escribía de toros como disculpa de tirarse a todos los toreros que se le antojaban. Ahora la tal salida ostenta un importante cargo político dentro del Gobierno de la Comunidad de Madrid. Podía contaros como una noche de Bilbao, justo después del escándalo de el Cordobés cuando intento derribar la puerta de mi habitación, una deslumbrante señora de Huelva, me llevo al huerto ¡pobrecito cateto de mi! .Y cuando acabamos con la sudadera, en la mesilla de su habitación descubrí unos gemelos de oro de un famoso torero que había pasado la noche anterior en la misma cama ¡Que sorpresa! , se trataba de un hombre muy serio, muy comedido y muy prudente que nunca había dado en que decir. Cuando me veía en algún lío de faldas, en vez de recriminarme preguntaba por mi mujer y mis hijos, por si la furtiva no sabía que servidor estaba casado. Los gemelos de oro tenían dos iniciales grabadas en letra inglesa: S.M. ¡adivina! Puedo contar que una vez tuve un romance con una chavala que siempre se frenaba a la hora de la verdad. Nos pegábamos unas fiestas apoteósicas pero no había forma de rematar la faena. Un anochecer en un coche dentro del Retiro me sorprendió entregándose por completo. Al dia siguiente se metió a monja de clausura en Toledo. Quiso hacer su especial adiós a la vida. Me dio la noticia un novillerote que nos servia de enlace y me llamaba por teléfono al Diario Pueblo para dar sitio y hora de nuestras citas porque vivía justo al lado de mi romance. Se llamaba Enrique Martín Arranz, que luego seria cuñado de Joselito y padre espiritual de José Tomas… Enrique Donadio y Paco Camino Conocí a Enrique Ortiz, Conde de Donadio cuando le compro la ganadería a la hija de Atanasio y se la puso a nombre de su mujer Maria Teresa Osborne. Enrique era un señor vividor y con muy buen gusto. Disfruta de las dos fincas que compro y vendió en pocos años. Tenia un gran sentido del arte y convirtió un caserío de la Mancha en una casa esplendida y en las cuadras, puso un salón y un comedor respetando las cumbreras de madera y parte de los pesebres, dejando un conjunto encantador. En la otra finca de Andalucía hizo la casa nueva, se llevo toda la yeguada y las cuadras eran el último grito como hotel de caballos. La plaza ¡no digamos! Tenía callejón y un palco esplendido, dando vistas a la serranía. La inauguramos con Antonio Bienvenida, Pepe Luís Vázquez, servidor y el bocazas de Jaime Ostos. Nos regalo a los pocos días un llavero de plata con las puntas de los pitones de las vacas que habíamos toreado cada uno. Pero vayamos al grano, Enrique estaba muy calvo y no tenía el miedo que tiene ahora Bertin por quedarse sin pelo. Tenía sobre todo una gran facilidad para ligar con las mujeres mas hermosas de aquel Madrid de los 70 y su cuartel de operaciones era un restoran italiano en el Paseo de la Habana. Enrique Donadio donde ponía el ojo ponía la mano y triunfaba por igual entre las artistas, cantantes, que, entre las aristócratas burguesas, le daba igual solteras que casadas o viudas. Si Enrique quisiera vender su vida como los golferas de los programas basura, dejaba en ridículo al conde lequio, a Dinio o a Larrañaga. Su biografía no le tiene envidia a la del Casanova o al Tenorio. Su paciente señora era una mujer encantadora, con una gracia y un sentido del humor que le hacia mas llevadero su papel de esperar la vuelta del eterno descarriado. Vivian en la plaza de los Delfines, junto al Mesón Mayte, en una casa moderna y magnifica, justo a la de Paco Camino. Una noche yo estaba metido en un grave aprieto, le había pedido prestado el coche a Ángel Luís de la Calle, ahora director adjunto de El País, y quede en devolvérselo en el Mayton. A mi mujer le dije que iba a casa de Enrique Donadio. Las cosas se enredaron y se armo el barullo. Me fui con una chavala a la carretera de Galapagar donde había un perdedero muy discreto. Al terminar fui a entregar el coche y no apareció el dueño, en vista de lo cual lo deje en el garaje del Conde, dejándole recado a Ángel Luís para que lo recogiera. En casa de Donadio estaba mi mujer y ejerciendo el espionaje. Lo arregle bien pero Enrique no aparecía y yo quede como un marido formal mientras los chismorreos se desviaban hacia Enrique Donadio con el "sabe Dios con que zorra estará a estas horas" Pero esto parece una comedia de enredo y habrá que darle marcha atrás a la moviola. Resulta que cuando yo estaba dentro del coche metido en faena, unos metros más allá vi al Mercedes de Paco Camino, también con los cristales empañados. Fijaros la exclusiva que habría levantado si yo fuera un reportero de las televisiones de ahora. Cuando estaba fumando el clásico cigarro de después del polvo, se encendieron los faros del Mercedes y camino se disponía a volver a Madrid y le cruce el mío cerrándole el paso. Salio el torero malhumorado y cuando me vio se partió de risa" Ozu que pequeño es el mundo". También es puta casualidad irnos a encontrar los dos con las manos en la masa. A muchos os extrañara lo del coche pero en aquella época no podíamos arriesgarnos a ir a un hotel. Paco por miedo al chismorreo y yo porque al volver a casa me miraban los bolsillos y no podía justificar los gastos. Pero no queda ahí la cosa del enredo. A los pocos años se separo Camino de su mujer y al cabo de tiempo me entero la señora vivió un romance con el padre de Bertin Osborne, su vecinisimo. Iba a dejar Enrique pasar la tórtola por la puerta de su casa sin echarse la escopeta a la cara…. En aquella época se podían hacer todas estas cosas sin que trascendiera al público. Ahora con Matamoros y compañía se hubiera formado un cataclismo. Porque la chica que me acompaño a la carretera de Galapagar era la hija de un famoso ganadero, metido en la política y en las finanzas. Ahora los programas de corazón han "descubierto", un supuesto romance entre Julio Aparicio y Leticia Sabater. Yo estaba hace quince años en un apartamento de Santander cuando empezó ese lío. La tenían a medias entre el torero y el hijo mayor de Pedro Trapote. Al cabo de los años estarían los dos aburridos y se metieron en el túnel del tiempo. Es de tontos pensar que Julito a estas alturas vaya a perder la cabeza con semejante antigüedad…….. ¡Si yo contara la mitad de
lo que he visto! |