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¿Qué pasa en Burgos? ¡Aquellos coloquios juveniles! |
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Alfonso Navalón |
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Me preguntan desde Burgos por qué no voy a dar coloquios a la ciudad del Cid y tengo que contestarle con dolor que una de mis frustaciones fue cuando la censura fascista de un alcalde (procesado y condenado por prevaricación) me cerró las puertas por indicación de Manolo Chopera y digo con dolor porque en Burgos fue la primera vez que hablé ante un auditorio repleto de gente joven. Me emocionó que pudiendo estar en las discotecas o en la feria, aguantaran dos horas (muchos sentados en el suelo, atraídos por el mensaje contestatario de un crítico maldito). Entonces daban los coloquios "oficiales" el inevitable Molés, José Antonio del Moral y Pedro Javier Cáceres en locales distintos. La juventud se vino a los míos y ellos se quedaron solos con cuatro carcas católicos de la derechona. Normalmente a los coloquios iba sólo gente mayor y hablar para la juventud fue algo apasionante porque las preguntas y los comentarios eran completamente distintos a lo que estaba acostumbrado. Me había echado ya otra vez cuando los daba en el auditorio de la Caja Católica. Fue cuando denuncié que una corrida de Miura había sido bárbaramente afeitada y cuando los veterinarios fueron a precintar las astas para mandarlas a Madrid, propuestas para sanción, el gobernador civil ordenó hacerlas desaparecer en un crematorio. Entonces (y ahora) Miura era intocable y yo cometí la locura de denunciar los hechos en "Pueblo" recordando la manipulacion de los miuras de los años 40, cuando el toro que mató a Manolete había sido afeitado ¡dos veces! Una en San Sebastián y otra la misma mañana de la tragedia de Linares por Domingo Dominguín que me lo contó con todo detalle. A los pocos años volví por decisión de un grupo de jóvenes aficionados, médicos y abogados seguidores de mis crónicas. Los capitaneaba "Julianín" el de Cortefiel, al que aplicaban el diminutivo por su enorme estatura. Julián era el líder de una afición nueva que luchaba por devolver la seriedad y el prestigio a la facilona plaza burgalesa, donde Manolo Chopera había metido la costumbre navarra de las peñas. Eran todos un grupo de triunfadores con excelente posición y militantes de la derechona que olvidaron mi condición de izquierdista para defender su causa de buscar la decencia. Al cabo de muchos años me encontré al jaranero de Julianín, en el callejón de Valladolid, no podía sospechar que aquel hombre famélico, de larga barba era el juerguista que organizaba nuestras noches de orgía. No sabía que era primo hermano de Juan Vicente Herrera, sucesor de Aznar en el Presidencia del PP castellano. Julián se fue a la India, con la Madre Teresa de Calcuta a curar enfermos, atender pobres y enterrar a los muertos de la peste. El caso es que de Burgos me echó el alcalde José María Peña conocido como "El Algarrobo" por su cerrilismo fascista. Y ya no intenté volver. En cambio el Prostituto Molés sigue manipulando a la gente para hacerle el caldo gordo a los empresarios y los toreros. Ya sabes lo que pasa en Burgos. Estoy ya demasiado cansando para seguir en esta guerra pero uno de los recuerdos más hermosos de mi carrera de Quijoto es aquel salón lleno de jóvenes majos y chavalas guapetonas. De Burgos recuerdo también mi debut como ganadero hace treinta años en un festival picado con Paco Camino, Diego Puerta, Angel Teruel, Roberto Domínguez, Luis Reina y El Puno. Si por mi fuera volvería mañana.
Pero ya es tarde. Los jóvenes ya no van a los toros. ¡Los han echado!
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