Chopera sólo tuvo 47 oyentes

El público huye de los aduladores

"Los coloquios perjudican a los empresarios"

Alfonso Navalón

 

Con una publicidad desmesurada, en el mismo centro de Salamanca y con la entrada gratis se celebró una "rueda de prensa adicta" en torno al más importante empresario taurino. Los organizadores quisieron proteger tanto al que el acto fue un fracaso al no ser capaces de congregar ni medio centenar de escuchantes. Un paripé dirigido por un baboso pelotillero como David Vidal Montero y su acólito Luis Falcón (también conocido como "La Flor de Villarino") necesariamente tenía que provocar el rechazo del público. Ni siquiera los que estaban obligados por dependencia económica de los contratos de Chopera se dignaron comparecer.

Los toreros y ganaderos brillaron por su ausencia. Sorprendentemente Orestes Bazo mantuvo una desabrida posición contestataria y Ana Hernández actuó con decorosa profesionalidad. Todo lo demás fue un enjuague para justificar la ausencia del hijo de El Capea en San Isidro como si el interés de la feria dependiera de semejante estupidez. Menos mal que Chopera fue el único sensato al reconocer que el muchacho "todavía no está preparado para ir a Madrid" demostrando así que le ha estado tomando el pelo a los cronistas salmantinos sobre una confirmación que sólo podían admitirla los que escriben con acreditado desconocimiento y bobez sumisa.

Chopera trató con marcardo desprecio la intervención de Orestes y me sorprendió que en medio de tanto servilismo sonara mi nombre dos veces como símbolo de una independencia que ya no existe en la prensa. En una reunión donde quedó clara la decadencia del negocio taurino y el desinterés de la juventud resulta curioso que Chopera dijera que es muy difícil escribir como Corrochano o Navalón. También nos sorprendió que Chopera descalificara los coloquios "porque se analizan los defectos de las ferias y perjudican a las taquillas". Que yo sepa los coloquios de "Molés y compañía" no tratan más que de alabar a los taurinos y engañar al público y esa es la causa de que la gente no vaya ni a esos coloquios ni a la plaza. Desde que la información taurina está en manos de cuatro mangantes el descrédito del espectáculo se hunde estrepitosamente. Cuando yo denunciaba los males y luchaba por defender al público y a la dignidad del toro, se llenaban las plazas y ahora mismo (a pesar del descrédito de los coloquios) el único que coloca todas las noches el "no hay billetes" soy yo en un hotel de las afueras y a partir de la media noche. Si yo hablara en el corazón de la ciudad y a las diez de la noche juntaba más presencia física que Ponce y El Juli juntos, porque la audiencia en televisión sobrepasa los doscientos mil. En una sola noche tengo más público que en la plaza durante toda la feria. A pesar de que me han puesto la mordaza los que luchan por evitar que siga enseñando a los que quieren aprender.

En este circo de la supuesta confirmación en Madrid de un torerín yo fui el único que tiró de la manta afirmando hace meses que tal presentación era imposible mientras los demás le dedicaban páginas y espacios desmesurados, sin darse cuenta que estaban haciendo el ridículo. Resulta pintoresco reconocer que soy yo el que más público lleva a la plaza para ver al Capeíta, por la curiosidad de comprobar si es tan malo como yo digo. Y se han convencido ¡hasta en Méjico! Pero estos tontucios siguen manteniendo que el interés de esta temporada se centra en El Gallo, Capea y Perera.

De momento sólo está claro lo de Perera que llega con fuerza y paga el tributo de la primera cornada garve del año. Gallo tiene virtudes pero todavía no ha levantado la voz. El Capeíta está ahí por el cinismo de los empresarios admitiendo en los carteles a un chisgarabís, pasado de edad y de oficio que no da más de sí que su desgalichada vulgaridad.

Siento que José Antonio se tomara la molestia de viajar desde Madrid para prestarse al enjuague de dos atrevidos trepas que van por la vida de robameriendas. Era lógico que con semejantes a alguacilillos no acudiera nadie a la charlotada.

Por no haber ya ni hay golfos con categoría para defender el dinero de los taurinos. Cuando José Antonio Chopera tenía a Gonzalo Carvajal como cronista de cámara, se engañaba al público con más conocimiento y destreza. Gonzalo era un corrupto pero sabía de toros y sabía escribir. Le mangaba a los toreros diez mil pesetas cada tarde. Molés era su mozo de espadas, sólo cobraba dos mil pesetas. Molés sigue siendo un recadero de los que lo mantienen y un mediocre escribiendo. La diferencia es que Gonzalo Carvajal murió pobre, cuando lo echaron de Pueblo para ponerme a mi y Molés está millonario porque nadie lo echa aunque nadie lo crea.

Como las putas viejas

Tuve que abandonar el acto porque tenía el compromiso de una cena en El Albero con unos aficionados de Madrid que habían venido expresamente a conocerme. Suceso lamentable este: O me estoy convirtiendo en una momia del periodismo, o me recuerdan a los peregrinos de Fátima, movidos por una fe que quieren enterrar los pancistas del negocio. Pero lo curioso ese fin de semana tuve que dar una conferencia en Talavera y otra en Madrid, en una de las escasas tertulias con solera, donde unos cuantos románticos se juntan para hablar de toros.

Como me sobra tiempo y no necesito dinero puedo permitirme el mismo lujo que las putas viejas: Joder sólo con los que me gustan y hacerlo gratis, pero distinguirme de estos mercenarios peseteros, sin crédito y sin honra. Ahora me llaman de todas partes menos en Salamanca, donde en los sectores oficiales molesta mi independencia, porque no soy "manejable" como otros corífeos.

Ahora que se habla tanto de los papeles del Archivo de la Guerra Incivil, recuerdo lo que decía la ficha de mi padre: "No pertenece a ningún partido político. Peligroso por su inteligencia". Decía casi lo mismo que la de su compañero de cárcel, el catedrático de Derecho don Luis Guilarte. En medio de tanta mierda es un consuelo parecerme algo a mi padre. Pero la vida está llena de paradojas: Mientras un pierdemisas como Falcón, vive holgadamente de un oficio que no conoce, yo estoy en el paro. Porque en esta sociedad de consumo y de censura sólo tienen el pan seguro los mediocres.


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