El Capea sigue fracasando en Castellón y Valencia

Alfonso Navalón

 

Esta vez los críticos con ciertas independencia han sido más contundentes con las desairadas tardes de Periquito Capea en Castellón y Valencia, sobre todo en Valencia donde le tocó un toro de puerta grande y los serviles periódicos de Salamanca siguen echándole la culpa a la espada de sus fracasos. Otra vez los mentirosos titulares dien al unísono "Perdió la oreja por culpa de un pinchazo".

La historia está llena de grandes faenas que no se malograron por un simple pinchazo. Cuando un torero sin méritos desperdicia un suave toro (chico, flojo y descaradamente desmochado) no se puede justificar con un pinchazo.

Los pocos críticos independientes han sido muy claros al calificar a Capeíta. Así Carlos Ilián no pudo ser más rotundo con menos palabras: "El Capea demostró todo lo que lleva dentro. Es decir ¡Nada!".

Creo que hasta el mismo Zabala lo pone muy mal. Juan Posada en La Razón marca sus elementales carencias para ser un don nadie en el toreo y, por no variar, el crítico de El Mundo lo dice también clarísimo, después de juzgar positivamente a Rincón y El Juli: "El Capea en cambio, no logró calar en el público ni en el tercero ni en el sexto. Su fría labor quedó desdibujada del todo cuando el tercero lo desarmó y con ello Capea perdió, no sólo la muleta, sino el sitio que hasta entonces había tenido". Villán, sin decirlo, le reconoce el muchísimo oficio después de tantos años toreando cientos de vacas y de toros en el campo. Pero en la plaza no dice nada, ni con los bombones de jandilla, chicos y desmochados. Ni con un público tan facilón como el de Valencia.

A todo esto, su apoderado Fernando Lozano se pasa las corridas dándole voces desde el callejón porque el torero sansirolé a pesar de su dilatada experiencia estropeando toros y vacas, no se aclara.

Antes los toreros se hacían la publicidad reproduciendo las crónicas elogiosas de los críticos más respetados. Quedan muy pocos críticos fiables, pero a la vista de lo que le escriben a Capeíta no podrá nunca hacerse publicidad con una crónica elogiosa. A no ser la de Juan Miguel Núñez, donde siempre encuentra la disculpa del fallo a espadas para adivinar una hipotético triunfo. No cabe duda que Capeíta es uno de los clientes más seguros para contribuir a la compra de un coche de dieciocho millones y una mansión residencial a todas luces injustificable con la paga de un funcionario del periodismo oficial. De todas formas ya apesata que todas las tardes pierdas las orejas por pinchar. Mientras Carlos Ilián asegura que dentro no tiene nada de torero...


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