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Mari Carmen y sus muñecos Ahí viene la Virgen con San José y El Niño |
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Alfonso Navalón |
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No todos los amigos de El Capea (me refiero al marido de doña Carmen Lorenzo) son enemigos míos. Casi todos los horteras que se han incorporado últimamente a los afectos de Pedro Gutiérrez Moya (me refiero al marido de doña Carmen) me odian por decreto ley. Hasta tal punto llegan sus deseos de agradar al clan capeísta que todo un notario del ilustre Colegio de Salamanca, se atrevió a decir en una tertulia que yo era un chalao y no sabía ni una palabra de toros. Contestóle uno de sus amigos: "Eso no. Será un poco cabronazo pero de toros sabe como el que más". Decía que no todo es adoración y servilismo entre los escasos amigos y simpatizantes que tiene en Salamanca. Algunos de sus allegados, disfrutaron una barbaridad con aquella crónica-fantasía de su entrada triunfal en la Plaza Mayor de Salamanca al volver de su brillante campaña de Méjico y me consta que han sacado multitud de copias para general recochineo de otros amigos. Ahora acabo de enterarme de cierta guasa con algunos de sus amigos hasta el punto que le han sacado un mote a toda la familia y ¡vive Dios! que gracia en cantidad. Como todo el mundo sabe desde que Mari Carmen se casó con el torero se hizo cargo del poder, hasta convertirlo en ganadero consorte lidiando los toros a nombre de la señora. No es que yo quiera relacionarla con Doña Carmen Polo de Franco pero dicen los íntimos que tiene el mismo carácter autoritario y no se toma una decisión en la familia sin que ella diga la última palabra. En sus apariciones en público siempre va de estrella cuando lógicamente debería ser el marido. Ya visteis aquella corrida del pasado San Isidro donde las cámaras ignoraban al torero para centrarse con la dramática expresión de la dama cuando López Chaves sufría los arreones de los toros. Mari Carmen ocupó diecinueve veces la pantalla y su marido solamente una y fugazmente. Hace unos días quedéme perplejo cuando tomando vinos con uno de sus amigos me dijo: "¿A que no sabes como llamamos entre nosotros a la familia de El Capea?" ¡¡¡MARI CARMEN Y SUS MUÑECOS!!! Y creí que me moría de la risa. Porque el mote viene como anillo al dedo. Lo que nunca imaginé es que entre los amigos de Capea hubiera alguno con tanto ingenio y mala leche. La Virgen, San José y El Niño Este otro apodo circuló ya hace muchos años y aunque también tiene gracia refleja el carácter matriarcal de la familia y como Mari Carmen se hizo con el poder desde el primer momento. El Niño de la capea era de soltero un muchacho abierto, divertido, travieso y simpático. Además muy cariñoso con su padre y con los amigos humildes de siempre. Incluso algunos miembros de su cuadrilla vivían en su finca y acudían gustosos a echarle una mano. Todavía no había construido en "Espino" el ostentoso chalet y se acomodaban en unas modestas viviendas que había desde la época en que la finca era propiedad de Paco Camino. Entre los asiduos visitantes esta el inolvidable Prudencio Encinas, el hombre de confianza de la Casa Chopera y muy querido por todos. Capea confiaba plenamente en su experiencia y buen sentido. No hacía nada sin contar con Prudencio al que todos venerábamos como un santón del mundo taurino. Como le gustaba tanto el campo, la pesca y la caza, siempre estaba en la finca con el torero. El día de marras estaba allí uno de la cuadrilla y cuando vio venir a Mari Carmen, Prudencio y El Niño de la Capea, comentó con otro compañero: "Ahí viene la Virgen, San José y El Niño"… Nota aclaratoria:Lo de la Virgen lo decía porque
de niños nos enseñaron que La Virgen es la Reina de los Cielos, así
como Mari Carmen es la reina de Espino Rapado. |