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Se
había anunciado a bombo y platillo un “gran coloquio” en el pequeño auditorio del Ateneo Salmantino, en
el mismo centro de la ciudad y a las nueve de la noche cuando todo el
mundo está desocupado. Acudí con cinco amigos hace más de un mes para
ver qué daban de “no” los jóvenes cronistas provincianos.
Para
empezar no hubo público. Éramos los únicos oyentes taurinos. El resto
era una docena de socios jubilados que acabaron
su partida de cartas y se quedaron a pasar el rato. Y los distinguidos
papás de Mónica Alaejos.
Nos pusimos en la primera fila y los jóvenes actuantes se quedaron acojonaditos
ante tan inesperados escuchantes. Mi presencia limitaba considerablemente
el número de tonterías que podrían decir.
En
las presentación Mónica destacó la enorme importancia de su programa
de Televisión: “Si es tan bueno
tu programa cómo es que no ha venido la gente a verte?”
la interfecta se fue por los cerros Úbeda: “Es que Salamanca tiene tres suplementos taurinos y varios programas de
radio y televisión. Tenemos saturado al público y por eso no les interesa
venir”… Cuando debió reconocer el total descrédito de los cronistas
jóvenes y que el público les da la espalda porque no dan ningún valor
a lo que digan.
El
sainete estaba preparado para desplegar un coro de alabanzas hacia Gallo
y Capea bajo el título “La ilusión vuelve a Salamanca” queriendo demostrar que la provincia
está viviendo otra edad de oro con llegada de una supuesta pareja que sólo existe en su imaginación.
Porque no hay comparación posible entre estos dos jóvenes. Para empezar
Paco Cañamero se cayó del
cartel, barruntando el ridículo que se avecinaba y acto seguido Fermín González, el columnista de “El
Adelanto” echó un jarro de sensatez sobre los posibles desvaríos adelantando
que ni había tales fenómenos y que había que darle tiempo al tiempo
para ver lo que daban de sí. Fermín es un veterano realista que acostumbra
a contar lo que vemos todos y puntualizó sobre el triste futuro del
espectáculo. Dijo que no se puede estar tan poco tiempo de novilleros
porque antes de tomar la alternativa hay que cuajarse y aprender el
oficio. Mónica Alaejos tuvo
una respuesta demencial: “Es que
como de novilleros no ganan dinero tienen que tomar la alternativa”.
Fermín echó por tierra esta tesis y para
acreditar su profundo desconocimiento de la historia del toreo, Mónica replicó que “los novilleros nunca han tenido prestigio”.
Tremenda
blasfemia cuando, por ejemplo, una feria de julio de Valencia se hicieron
todos los carteles a base de Aparicio y Litri en su
segundo año de novilleros dejando fuera a todos los matadores de la
época (Luis Miguel y Dominguín incluído).
Tremenda ignorancia cuando Chicuelo
II llenó varias veces la plaza de Madrid en novilladas extraordinarias
fuera de San Isidro porque cada tarde asustaba al público recibiendo
varias volteretas y saliendo con la taleguilla destrozada. Tremenda
ignorancia porque esa misma temporada salieron Jumillano
y Pedrés, también con llenazos
hasta la bandera. Antes Antonio
Ordóñez, Manolo Vázquez o Antoñete llenaban todas las ferias de España sin tomar la alternativa
y mucho más reciente Julio Robles
y El Capea se presentaron en Las Ventas con la plaza llena, como lo
harían poco después Galloso y Manzanares.
No tengo tiempo de escarbar en la memoria para enseñarle a esta insensata
la cantidad de novilleros que fueron figuras taquilleras, como El Viti y Paco Herrera cuando la afición de Madrid creyó que la figura iba a
ser Paco Herrera y no el “modorro” de Vitigudino,
al que les costó reconocer.
La
tal Mónica ignora que siendo un niño El Juli se presentó en Madrid reventando las taquillas. ¡Qué atrevida
es la ignorancia! Ahora resulta que para ser figura del toreo no hace
falta ser novillero, ni aprender el oficio. Por ejemplo, Juanito Bienvenida estuvo ocho años antes de tomar la alternativa. ¡Ocho!
Y Manolo González, ¡cinco
temporadas!
A
pesar de cortarse mucho con nuestra presencia se centraron en darle
coba a Gallo y Capea, con
el atrevimiento del agravio comparativo cuando Gallo se ha justificado y Capea no ha cosechado más que fracasos,
salvo la farsa de las orejas de Salamanca. Falta de respeto a un gran
profesional como Valverde al que sólo se citó al final, cuando quisieron
meter en el carro de los triunfadores a otros toreros locales que estaban
acabados o lo tienen tan difícil como Juan
Diego que pese a su gran calidad ha perdido el tren varias veces.
Hablaron como si los toreros de Salamanca fueran el fundamento del futuro.
Comprendo
que se acojonaran al verme como observador pero eso no justifica la
sarta de despropósitos que soltaron. Al final no hubo coloquio y no
se dio la palabra al público
entre otras razones porque no había tal público. Aparte de nuestro grupito
no asistió ni un solo aficionado, sí un ganadero, ningún torero y lo
que es más penoso: Ni un solo periodista. Ni un solo “compañero” de
sus respectivos medios, prueba evidente del poco crédito que le dan
sus propios directores. Para remate Paco Cañamero que era el único con cierto
pero en el cartel juvenil, prefirió quedarse tomando copas a mezclarse
con semejante chusma.
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