¡Vaya petardo de coloquio!

La ignorancia de Mónica Alaejos

Alfonso Navalón

Se había anunciado a bombo y platillo un “gran coloquio” en el pequeño auditorio del Ateneo Salmantino, en el mismo centro de la ciudad y a las nueve de la noche cuando todo el mundo está desocupado. Acudí con cinco amigos hace más de un mes para ver qué daban de “no” los jóvenes cronistas provincianos.

Para empezar no hubo público. Éramos los únicos oyentes taurinos. El resto era una docena de socios jubilados que acabaron su partida de cartas y se quedaron a pasar el rato. Y los distinguidos papás de Mónica Alaejos. Nos pusimos en la primera fila y los jóvenes actuantes se quedaron acojonaditos ante tan inesperados escuchantes. Mi presencia limitaba considerablemente el número de tonterías que podrían decir.

En las presentación Mónica destacó la enorme importancia de su programa de Televisión: “Si es tan bueno tu programa cómo es que no ha venido la gente a verte?la interfecta se fue por los cerros Úbeda: “Es que Salamanca tiene tres suplementos taurinos y varios programas de radio y televisión. Tenemos saturado al público y por eso no les interesa venir”… Cuando debió reconocer el total descrédito de los cronistas jóvenes y que el público les da la espalda porque no dan ningún valor a lo que digan.

El sainete estaba preparado para desplegar un coro de alabanzas hacia Gallo y Capea bajo el título “La ilusión vuelve a Salamanca” queriendo demostrar que la provincia está viviendo otra edad de oro con llegada de  una supuesta pareja que sólo existe en su imaginación. Porque no hay comparación posible entre estos dos jóvenes. Para empezar Paco Cañamero se cayó del cartel, barruntando el ridículo que se avecinaba y acto seguido Fermín González, el columnista de “El Adelanto” echó un jarro de sensatez sobre los posibles desvaríos adelantando que ni había tales fenómenos y que había que darle tiempo al tiempo para ver lo que daban de sí. Fermín es un veterano realista que acostumbra a contar lo que vemos todos y puntualizó sobre el triste futuro del espectáculo. Dijo que no se puede estar tan poco tiempo de novilleros porque antes de tomar la alternativa hay que cuajarse y aprender el oficio. Mónica Alaejos tuvo una respuesta demencial: “Es que como de novilleros no ganan dinero tienen que tomar la alternativa”. Fermín echó por tierra esta tesis y para acreditar su profundo desconocimiento de la historia del toreo, Mónica replicó que “los novilleros nunca han tenido prestigio”.

Tremenda blasfemia cuando, por ejemplo, una feria de julio de Valencia se hicieron todos los carteles a base de Aparicio y Litri en su segundo año de novilleros dejando fuera a todos los matadores de la época (Luis Miguel y Dominguín incluído). Tremenda ignorancia cuando Chicuelo II llenó varias veces la plaza de Madrid en novilladas extraordinarias fuera de San Isidro porque cada tarde asustaba al público recibiendo varias volteretas y saliendo con la taleguilla destrozada. Tremenda ignorancia porque esa misma temporada salieron Jumillano y Pedrés, también con llenazos hasta la bandera. Antes Antonio Ordóñez, Manolo Vázquez o Antoñete llenaban todas las ferias de España sin tomar la alternativa y mucho más reciente Julio Robles y El Capea se presentaron en Las Ventas con la plaza llena, como lo harían poco después Galloso y Manzanares. No tengo tiempo de escarbar en la memoria para enseñarle a esta insensata la cantidad de novilleros que fueron figuras taquilleras, como El Viti y Paco Herrera cuando la afición de Madrid creyó que la figura iba a ser Paco Herrera y no el “modorro” de Vitigudino, al que les costó reconocer.

La tal Mónica ignora que siendo un niño El Juli se presentó en Madrid reventando las taquillas. ¡Qué atrevida es la ignorancia! Ahora resulta que para ser figura del toreo no hace falta ser novillero, ni aprender el oficio. Por ejemplo, Juanito Bienvenida estuvo ocho años antes de tomar la alternativa. ¡Ocho! Y Manolo González, ¡cinco temporadas!

A pesar de cortarse mucho con nuestra presencia se centraron en darle coba a Gallo y Capea, con el atrevimiento del agravio comparativo cuando Gallo se ha justificado y Capea no ha cosechado más que fracasos, salvo la farsa de las orejas de Salamanca. Falta de respeto a un gran profesional como Valverde al que sólo se citó al final, cuando quisieron meter en el carro de los triunfadores a otros toreros locales que estaban acabados o lo tienen tan difícil como Juan Diego que pese a su gran calidad ha perdido el tren varias veces. Hablaron como si los toreros de Salamanca fueran el fundamento del futuro.

Comprendo que se acojonaran al verme como observador pero eso no justifica la sarta de despropósitos que soltaron. Al final no hubo coloquio y no se dio la  palabra al público entre otras razones porque no había tal público. Aparte de nuestro grupito no asistió ni un solo aficionado, sí un ganadero, ningún torero y lo que es más penoso: Ni un solo periodista. Ni un solo “compañero” de sus respectivos medios, prueba evidente del poco crédito que le dan sus propios directores. Para remate Paco Cañamero que era el único con cierto pero en el cartel juvenil, prefirió quedarse tomando copas a mezclarse con semejante chusma.


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