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Muchos aficionados modernistas y toreristas
me tachan de intransigente con la actual baraja de supuestas figuras,
cuando los trato de repetitivos, ventajistas y ampararse en el toro
descastado y afeitado para triunfar.
No es culpa mía que los aficionados
de ahora no hayan visto pocos toros enrazados y se conformen con el
comercial bobalicón. Tampoco tengo culpa que acepten el toreo ventajista
y se concedan orejas por faenas basadas en trampas, si no han visto
la técnica del toreo puro, ni el poderío de los lidiadores para triunfar
ante los toros difíciles y peligrosos. Ahora cuando sale un toro con
problemas lo matan en el caballo y se acaban las dificultades.
Desde que se retiraron
los de la generación de Ordóñez,
Bienvenida o incluso El Viti,
no ha salido ningún torero con las virtudes y la autoridad que debe
tener una figura del toreo. Los que están ahora haciéndose pasar,
por máximas figuras son El
Juli , que tiene casta, valor y técnica, pero no tiene clase y
Ponce que tiene clase pero torea con todas las ventajas que antes
se le abroncaban a cualquier torero. Y ademas
hace las faenas larguísimas, porque no pone
emoción y necesita muchos pases para ganarse al publico.
Una buena faena no debe de pasar de veinte o como mucho treinta pases.
Hasta hace poco no se concedía una oreja después de un aviso y ahora
se dan todos los días, porque manda la cantidad sobre la calidad.
Para los aficionados
de ahora resultara inconcebible que un torero después de estar mal
en sus dos y escuchar broncas cerradas, se convirtiera en el protagonista
de la tarde con solo hacer un quite en el sexto toro. Se llamaba Pepe Luis Vázquez, símbolo máximo de la
escuela Sevillana, aunque toreaba muchas veces con profundidad. Era
un artista, con una gran facilidad para ver los toros nada más salir
del chiquero y cuando estaba a gusto se metía al público en el bolsillo
porque veía muy claras las faenas cuando sabía que podía con el toro.
Era también un desastre cuando se le atravesaban las cosas y le faltaba
ánimo para hacer un esfuerzo. Sus fracasos y sus broncas fueron sonados
porque no podía pasar desapercibido.
Parece mentira que una tarde con el
público en contra, pudiera convertirse en el centro de todos los comentarios
en poco más de un minuto de inspiración. Si no fuera por otros meritos
Pepe Luis
pasaría a la hitoria como creador del famoso "Quite
del Perdón”. Los toreros de entonces le tenían mucho miedo
al público, porque eran muy entendidos y exigentes. A los toreros
que estaban mal los asustaban mas el público que los toros y los críticos
llegaron a escribir que la verdadera fiera rugía en los tendidos y
no en el ruedo. No olvidemos que en Soria un botellazo acabó con la
vida del diestro.
Las almohadillas eran de gutapercha,
forradas con estopa. Todavía no hace muchos años vi a El Viti casi desplomado de un almohadillazo a bocajarro cuando ya
salía por la puerta de cuadrillas. Y además en la feria ¡de Salamanca!
Mas reciente todavía fue la tarde en que querían matar a El Cordobés en Albacete, cuando no hizo nada por evitar la muerte
del espontáneo borracho. Estuvo mucho rato escondido en las oficinas
del patio de caballos y pudo llegar al coche, protegido por todos
los guardias que había en la ciudad. Salió huyendo sin atreverse a
entrar en el hotel "Los Llanos" a desnudarse y recoger sus
cosas. Se tuvo que quitar el traje de luces en unas viñas a varios
kilómetros de Albacete. Y esa tarde se retiró cortando la temporada
porque no pudo superar el miedo a enfrentarse al público.
Broncas
así tuvo muchas Pepe Luis Vázquez y casi siempre salía entre la admiración
del publico. Porque en el último toro, salía a hacer un quite y le
bastaban cuatro o cinco lances para arrancar la ovación más grande
de la tarde. Y aunque los demás hubieran cortado orejas y rabos, esos
cinco lances acababan con todos y ya no se hablaba de otra cosa. Por
eso lo llamaban "El Quite del Perdón". Pero no siempre
tuvo esa suerte, porque en Vitoria, después de una tarde desastrosa
tuvo que salir de la plaza escondido en el carro de la carne, entre
los despojos de los toros muertos.
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