La feria de los tecnócratas

San Isidro es el escaparate de la decadencia

Alfonso Navalón

 

Mal se le han puesto las cosas a José Antonio Chopera en su debut como máximo empresario del toreo. La mediocridad de un mercado sin figuras se refleja en unos carteles grises, pero difícil de mejorarlos. No hay más cera que la que arde y después del fracaso de la supuesta reserva de Santa Coloma en la corrida concurso, pocas ganaderías pueden echarse en falta, aunque evidente que sobran algunas de las que están.

Parte del publico se acordarán de algunos toreros, pero tampoco hay justificación para ponerlos. Morante, Javier Conde o Antón Cortés, no están en la feria porque no quieren o sencillamente porque no pueden y el milagro de unos chispazos de arte queda descartado por su falta de arrestos y profesionalidad.

Falta sin embargo algún tipo de torero populista que está demostrando su tirón en las plazas de segunda categoría. Me refiero a El Cordobés y Jesulín de Ubrique, repudiados por los puristas pero con más gancho que muchos de los que vienen sin oposición. No olvidemos que San Isidro, aparte de los del clavel y los contestatarios supervivientes, la plaza se llena de muchos” isidros"; de masa pueblerina que  busca el espectáculo efectista. Para ese público bullanguero no hay más representante que El Fandi con sus alardes atléticos. Los demás son tecnócratas. No hay toreros de arte o personalidad marcada, todos conocen las técnicas del pico adelantado y la pierna retrasada y faltan toreros raciales o de sentimiento. Sencillamente porque no los hay. La ilusión esta basada en la esperanza tardía de El Cid. Un torero rescatado del olvido, por la mediocridad de los demás. Ponce y El Juli son los que más cobran pero también los mas vistos con unas faenas que ya sabe el público, todo lo que el publico pueden dar de si.

Los que sobran

No sé a qué viene a repetir dos tardes la ganadería de Bohórquez, que últimamente sólo sirve para las corridas de rejones. Tampoco tiene explicación la novillada de Yerbabuena, sin ningún éxito que justifique el nombre de Ortega Cano como símbolo patético de las tonterías que puede hacer un pobre hortera cuando dejo de ser un torero importante  para arrastrar el ridículo de una decadencia esperpéntica. Tampoco tenían que venir los mulos de Atanasio, después  de ponerlos a parir, hasta los cronistas más conservadores, por el petardo del año pasado. Pero Esperanza Aguirre manda en la Comunidad y en la plaza, y como la bueyada de Campocerrado es de su familia, no hay más remedio que tragársela por ley.

Hay sobre todo dos toreros que sobran y no hay razón para justificarlo su presencia en la feria: MINIFRAN Rivera ha tenido en Valencia un sonoro fracaso y se quitó del compromiso de Las Ventas con la parodia de unas muletas que no impedían echar a correr cuando no había fotógrafos. El insufrible pijo ha sido ferozmente rechazado por la afición madrileña pero no sabemos que tipo de influencias tendrá para que Chopera manche los carteles con un individuo tan impopular y tan mal torero. Donde se nota que "Fefe" sigue teniendo mando en las Ventas es por la repetitiva presencia de Manolo Sánchez que sigue sin decir nada con su estilo desleído a pesar de las innumerables oportunidades que se le han dado en esta plaza. Tampoco tiene explicación la presencia de Partido de Resina, que ya no son ni sombra de lo que fueron Pabloromero, porque desde hace más de diez años solo conservan el pelaje cárdeno que los hizo famosos cuando tenían poder y temperamento.

Esto no es una censura a la labor de José Antonio Chopera que salvo los fallos apuntados, no ha podido hacer otra cosa que juntar lo más decorosamente posible unos nombres que sino fuera  por el snobismo de ver corridas en San Isidro no serían capaces de llenar más de media plaza...

Lo único que esperamos de esta feria es que el público se sacuda la nefasta influencia de los cronistas vendidos y sepa estar en la plaza con autoridad y fundamento. Que no se ponga freno al crimen de la suerte de varas y se exija a los toreros la práctica de la buena técnica y desterrar de una vez tantas trampas y trucos de un repertorio ventajista. Si el público no sabe estar en su sitio, esta feria será otra batalla perdida y no habrá forma de recordar la dignidad de un espectáculo donde todos tienen derecho a hacerse millonarios mientras en el ruedo haya verdad y sensación de riesgo. No queremos cornadas. Sólo pedimos un poco de emoción y algo que se parezca a la bravura y al arte de torear sin trucos de engañabobos.

 


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