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Tres inventos, tres
Los hijos de papá viven del nombre |
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Alfonso Navalón |
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Hace falta un manojo de novilleros que rompan con méritos propios, que interesen al público, que se les note ambición y hambre de triunfos, que no les importe jugársela y dejarse pegar alguna voltereta antes de perder una oreja por escurrir el bulto. Ahora andan por ahí media docena de chavales que apuntan algo, que tienen el mal oficio aprendido en las escuelas donde adquieren una técnica conservadora y ventajista, pero a ninguna se le adivina madera de figura. Hace unos días vi en Sanlúcar de Barrameda a Morilla que anda ahora en candelero. El chaval hizo lo más importante de la tarde que fue salirse dando lances hasta los medios. Ganar pasos donde ahora los pierden casi todos pero luego se vino abajo y mandó el novillo, incluso con el grave error de acabar toreándolo en la puerta de chiqueros donde anduvo a merced de las querencias del enemigo. Ahora quieren formarnos una pareja totalmente artificial: El hijo de El Cordobés y el hijo de Paquirri. Antes trataron de colarnos al mindungui del hijo de Capea. Tenemos a la vista dos inventos. El hijo de El Cordobés es bastote, forzado y populachero. Torea a barrigazos y es valentón. Pero como ese hay treinta, lo que pasa es que no tienen padre famoso. También en Sanlúcar vi a Cayetano, rodeado de una aureola que le va bien a los empresarios porque la entrada fue buena. El chaval no tiene oficio ni técnica. Es un torerito de espejo, con finura y maneras, pero tan frágil que en cuanto el novillo pide sitio y firmeza, anda de cabeza. Con el capote anda como un náufrago y en su segundo lo dejó todo en manos de los peones. Estuvo de espectador. Luego compuso muy bien la figura en unas dobladas de excelente corte. Acto seguido se descubrió por abusar del pico, dejando el hueco de la muleta retrasada y salió por los aires. Como está tan tierno lo cogen a placer y aquí viene lo curioso: en vez de acusar el error el público se pone abiertamente de su parte. Y después de andar embarullado, agarró una estocada y le dieron una oreja por la psicosis de ser quien es. A cualquier otro novillero le darían una bronca. Es un proyecto de torero. Sería una locura que lo sacaran de los pueblos o de las plazas turísticas. Si progresa y adquiere oficio puede ser un torerito de gusto. Pero con esa edad es muy difícil aprender un oficio que necesita mucho arrojo y algo de inconsciencia. El panorama novilleril son estos dos inventos. Dos hijos de papá que no sintieron la afición cuando podrían cuajarse. El hijo de Benítez empezó pronto pero ha tardado mucho en decidirse a dar el paso. Cayetano no mostró el menor interés por torear teniéndolo todo a placer y un maestro como su abuelo. Ahora cuando le ha visto las orejas al lobo quiere agarrarse a la muleta para solucionar su vida. Ojalá lo consiga pero de momento no es un torero. Sólo la ilusión de unos pocos y el resultado de las frivolidades televisivas. De momento irán a verlo todo el marujeo de las revistas del corazón. Eso lleva ganado. Pero le falta mucho para poder presentarse en Madrid, o ante públicos medianamente entendidos. El tercer invento ya anda a la deriva. El hijo de El Capea ha demostrado en Castellón y Valencia que los petardos de Méjico no eran sólo culpa de la "mala suerte con la espada" es que después de torear intensamente en el campo durante más de doce años, sigue siendo un manta tosco, vulgar y tramposillo. Los que los van bien me escriben diciendo que creían que exageraba y le tenía manía pero se han convencido que es todavía peor de lo que dije. |