El triste final de José Antonio Chopera

Sólo es el lacayo de San Román en Madrid

 

Alfonso Navalón

 

La plaza de Las Ventas se adjudicó a José Antonio Chopera considerando su larga experiencia como empresario de plazas importantes y apoderado de grandes figuras del toreo. Había otros empresarios con ofertas más altas pero prevaleció el criterio de adjudicársela al donostiarra al considerarlo más capacitado y solvente.

Pronto se supo que la adjudicación había sido un pucherazo porque detrás de Chopera estaba el millonario constructor San Román, amigo y socio del marido de Esperanza Aguirre. Esto ya no es nuevo porque detrás de los Lozano estaba el poder de Fefé Fernández Tapias.

La diferencia está en que los Lozano era responsables absolutos de la organización, con autonomía y libertad para decidir todo lo relacionado con las corridas y la contratación de torero y ganaderías, limitándose a rendir cuentas de los beneficios al referido Fernández Tapias.

Ahora corren rumores de que José Antonio Chopera es un simple hombre de paja y no puede tomar decisiones sin la venia del capitalista San Román. No daba crédito a estos bulos porque la víspera de la feria visité el despacho de Chopera y lo acompañé en el reconocimiento de la corrida de Escolar y Bohórquez, donde todo transcurrió con normalidad con la confianza de Florito como "seleccionador" de las corridas, aportando nueve toros de sobrado trapío en cada reconocimiento.

José Antonio me explicó que todo obedecía a una campaña de difamación orquestada por Pedro Javier Cáceres y dirigida por los Lozano. Incluso José Antonio me confió la cifra de cinco millones pagados por los Lozano a Pedro Javier para difundir la campaña difamatoria.

Pormenores que divulgué en mi coloquio de "El Cardenal" por considerar un deber moral defender a mi viejo amigo contra estas insidias.

Pero el día de la corrida de El Pilar presencié en el despacho de Chopera una desgraciada escena donde José Antonio trató despóticamente a un amigo suyo que iba a comunicarle la confidencia de uno de los bulos que circulaban contra su persona para que preparara su contraataque, dado que su imagen se estaba deteriorando entre los aficionados para ejecutar las órdenes del capitalista San Román, como factotum de la empresa.

Conociendo la soberbia y la trayectoria de Chopera, después de verlo tantos años actuando como señor absoluto de sus negocios, no podía imaginarlo como un simple ordenanza de un nuevo rico apoyado por Esperanza Aguirre.

Pero ante el asombro de toros, José Antonio echó a su amigo del despacho para ganar méritos ante San Román que no simpatiza con el amigo de Chopera. Se comportó como el sargento que quiere humillar a un soldado por complacer al capitán de la compañía. ¡Ciertos son los toros! Si José Antonio no tiene capacidad para recibir a su amigo de confianza por miedo a molestar al poderoso San Román es porque ha descendido a la humillante condición de lacayo.

Me duele haber presenciados situaciones tan desagradables. Creía que José Antonio estaba feliz al haber logrado el sueño de su vida al ser empresario de la plaza más importante del mundo. Por lo visto sólo tiene un número de acciones minoritario y debe acatar las decisiones del millonario de los ladrillos que tiene el poder de las acciones mayoritarias y el derecho legal de manejar la empresa a su antojo.

Por eso me dio vergüenza ver cómo José Antonio Chopera humillaba a un amigo de toda la vida para hacerle la pelota al dueño del negocio. He comprobado que sólo es un alguacilillo del presidente. El ordeno y mando de San Román, dueño del dinero y como casi todos los que han llegado a la prosperidad rápidamente le gusta imponer su voluntad y tener sometidos a los que dependen de sus finanzas.

Imagino las bilis que estará tragando José Antonio que ha vivido como un señorito (con lujos como el del barco) tener que estar a las órdenes de un nuevo rico y soportar sus órdenes de prepotencia.


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