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Hace
falta una mentalidad irresponsable y pueblerina para atreverse a cometer
esa pirueta absurda de convertir la sobria plaza de Guijuelo en escenario
de una corrida Goyesca, donde todo tenia que resultar como aquel esperpento
de “Bienvenido Mister Marshall”. Con la diferencia que aquella inolvidable
película fue una sátira gloriosa contra nuestro servilismo hacia el poder
económico de los bárbaros americanos y esto sólo ha sido una burda blasfemia
contra todo lo que significa la tradición campera de Salamanca y la conducta
de un pueblo donde la gente vive entregada al trabajo desde las seis de
la mañana, sin la menor semejanza con el flamenquismo y la jarana andaluza.
Es
delirante elegir el marco de un pueblo trabajador, donde han salido fortunas
de la nada a fuerza de muchos sacrificios, con esa Andalucía de guitarra
y pandereta donde el señorito andaluz se da de bofetadas con el empresario
chacinero que es el primero en llegar al tajo.
Es
todo un insulto teniendo aquí el mas sobrio y señorial traje de campo
y de fiestas disfrazar a los toreros de chisperos que es una vestimenta
artificiosa y teatral, mientras nuestros hombres de campo mancornaban
toros con su cinto de media vaca, o se hacia leguas y leguas a caballo
sin más abrigo que el poncho o la manta estribera, para arrendar montaneras
y comprar miles de cochinos en la ancha Extremadura. Ignoro dónde tendrán
la cabeza los responsables de esta payasada para confundir
Guijuelo con la Serranía
de Ronda.
Un
fracaso en las taquillas
Si
esperaban que esta es una provincia inculta,
donde miles de papanatas iban a llenar la
plaza ante semejante birlongue, ahí tienen la respuesta de los
tendidos vacíos pese a la desmesurada publicidad con portada en una revista
taurina nacional y grandes espacios periodísticos y televisivos, tratando
de meterle por los ojos al personal un producto tan inaudito. Se hizo
una publicidad desmesurada con carteles especiales repartidos a miles
por los sitios más insospechados. Se habían pensado que después del petardo
del año pasado en la feria se podía seguir engañando a la gente inventando
una rivalidad entre Gallo y Capea, como si Gallo después del fracaso de
Madrid y Capea después de estar ya sobradamente descalificado en España
y Méjico como un proyecto de torero imposible, tuvieran interés para mover
unos cientos de transeúntes sin conocimientos taurinos.
Después
de un proyecto millonario, después de soñar que Estrella Morente y sus
flamencos, podrían llenar de bulerías y fandanguillos este escenario jamonero
y laboral, deben haberse llevado un infarto al comprobar las paupérrimas
cuentas de las taquillas con media plaza vacía y apenas mil paganos más
las innumerables entradas de “cortesía”
cubrirán el precio de los toros y los elevados gastos administrativos
del festejo.
No creo que ni el Ayuntamiento ni media docena de ricos jamoneros pongan
los diez millones que faltan para pagar los nueve kilos que pretendían
cobrar los torerines y otras gabelas que supone una cantidad respetable,
si se consulta a cualquier empresario profesional, como gastos de la seguridad
social por ejemplo.
Si
la ruina económica ha sido memorable en lo artístico fue una verdadera
vergüenza, empezando por una corrida donde había diferencias de más de
cien kilos entre unos y otros y solo estaban igualados en los insignificantes
plátanos abrochados sobre los ojos o en el descarado desmoche del resto
y acabando con la burla antirreglamentaria de concederle a Javier Conde
el regalo del sobrero, para darle una “oportunidad” después de sus “faenas”
de impresentable distanciamiento y sus dos mítines pinchando interminables
veces, sin que el educadísimo publico se molestara en dedicarle la bronca
que se merecía su “abstinencia” laboral, ética y profesional.
Nobles,
desaprovechados y desmochados
No
creo que la corrida se la dejaran elegir al ganadero porque era una estrepitosa
escalera sin ninguna semejanza ni en hechuras, ni en trapío.
El
primero rebasaba los seiscientos kilos y el que cerró plaza no pasaría
por novillo en ningún reconocimiento. Además fue el más escandalosamente
aserruchado. Los seis sirvieron, ni molestaron, ni miraron al torero.
El primero sosote pero noblón. Sólo
el cuarto se escapaba a tablas. Los dos le tocaron a Conde. Con el primero
no trató de pararse ni enseñar la muleta en su sitio. El cuarto le pudo
sacar muchos pases dándole los adentros que era su querencia natural.
Conde perdió el tiempo intentándolo sacarlo al tercio sin conseguirlo.
Y en estos devaneos se pasó el tiempo para luego echar otro rato más largo
en endiñarle innumerables pinchazos en fuga descarada. En Aranda de Duero
le hubieran tirado piedras. En Vitoria tendría que haber salido protegido
por los antidisturbios. En Guijuelo debieron tirarle todos los jamones
que se ponen pochos o agusanados por alguna corriente de densa niebla
o helada en las antiguas casas matanceras. No hubo tal y encima le toleraron
el sobrero. Algo rigurosamente prohibido por el reglamento. Luego el sobrero
no podía salir porque había un coche delante de camión de los toros. El
público que ya estaba en la calle volvió a los tendidos y quedáronse maravillados
con unos pases de baile que dio desde la puerta de chiqueros hasta la
carita del impresentable novillejo, que por su nobleza merecía un tratamiento
más serio que unos pingüis aflamencados.
Hago
saber que entre el escaso publico asistente no vi a ninguno de los aficionados
entendidos que todavía quedan en Salamanca. A juzgar por su comportamiento
el personal debería estar formado por compromisos sociales o por subvenciones
culturales de la
Diputación. Dado que un público normal se habría enfadado
mucho con los dos sainetes que dieron El Gallo y Capea en sus primeros
bovinos acornes y desde luego no habrían regalado ninguna oreja por su
vulgar amontonamiento de pases en los otros dos. Y digo amontonamiento
porque no me refiero sólo al Capeilla que tiene una sequía cerebral del
toreo parecido a la padena por esas fincas tan dejadas de la mano de Dios.
De la cabeza de Periquito Capea se puede esperar la misma cosecha taurina
que la de esos páramos donde los trigos no levantan una cuarta del suelo
y no vale la pena meterle las cosechadoras, como siempre no faltaron conocidos
que se acercaban a decir lo de siempre: “Oye que yo creía que exagerabas y es mucho peor de lo que me
imaginaba”...
Y
digo que también Gallo amontona los pases y torea muy espeso porque después
del fracaso de Madrid no tiene nada que ver con aquel novillero prometedor
y aquel matador que algunas tardes parecía que iba a romper en gran figura.
Ni
se vistió de Goyesco
La
puesta en escena de la supuesta corrida goyesca fue una verdadera carnavalada.
Para empezar El Capeilla salió
con un traje de luces de los de diario. Un desvaído terno color burdeos
y los alamares fúnebres de azabache negro. Ya dije hace unos días que
me preocupaba si este chico encontraría un terno goyesco que se adaptara
a sus hechuras de ánfora romana. Otros cuantos banderilleros iban también
con el chispeante normal. De los picadores no hablemos, del personal de
plaza fue un verdadero carnaval, calzados con zapatillas deportivas y
los monosabios con el mismo uniforme que los pone Chopera en la feria.
Como veréis fue una goyesca grotesca. Solo el torilero llevaba la redecilla.
En
cambio Javier Conde iba impecable. Una señora distinguida y elegante me
hizo una curiosa observación estética: “Tiene muy poco paquete para
tener tanto éxito con las mujeres como dicen”. Los otros dos espadas
llevaban malamente colocada la güevera. Sobre todo Eduardo Gallo que llevaba
el paquete muy descolgado. Estas observaciones no las hizo “La Flor de Villarino” que se
fue a Madrid.......detrás de Valverde (y total para nada porque Valverde
es todo lo contrario que un mariposón ¿Verdad, Laurita?
)
Ingratitud
y grosería
Ignoro
cual ha sido la cabeza pensante que distribuyó los pases de prensa y el
montón de invitaciones. Estaba casi la totalidad de la prensa, radio y
televisiones provinciales. Me consta cierta cronista que se parece a la
novia de Popeye, llevó de gañote a sus padres y hermanos. No faltaron
cronistas de Valladolid y Zamora, yo no pensaba ir a semejante mamarrachada
pero a última hora me convenció un amigo ¡Para que no nos los cuenten!
Y tuvimos una magnifica localidad.
Como uno tiene enemigos o admiradores donde menos lo espera, un amigo
influyente me brindó dos invitaciones. Pero puso una condición:”No
se lo digas a nadie porque si se entera el padre de El Capea nos organiza
un escándalo”. Ahora joderos que no lo digo ¡hasta los coloquios de
la feria! Pero el protocolo de esta carnavalada cometió una grosería de
darle a una profesional del periodismo audiovisual dos invitaciones ¡de
sol sin numerar!. Y digo grosería con el agravante
de ingratitud porque esta mujer se trasladó a Guijuelo para dedicarle
un extenso reportaje televisado de promoción a la corrida, cuando presentaron
los carteles oficialmente. El espacio patrocinador vale más de un millón
de pesetas. Y tuvieron la poca vergüenza de mandarla al bochorno del sol.
Podría
escribir mucho más de esta grotesca goyesca, por ejemplo el abuso caciquista
de quien fue a elegir los toros y a desmocharlos. Pero ya sabéis todos
quien puede ser... sabiendo que lo hace siempre que su hijo se viste tan
horrorosamente mal de torero.
Lo
del “diplomático” de los pases de sol a la honrada periodista
¡lo contaremos en los coloquios!
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