La grotesca Goyesca de Guijuelo

Desvergonzada caricatura de una corrida

Alfonso Navalón

 

Hace falta una mentalidad irresponsable y pueblerina para atreverse a cometer esa pirueta absurda de convertir la sobria plaza de Guijuelo en escenario de una corrida Goyesca, donde todo tenia que resultar como aquel esperpento de “Bienvenido Mister Marshall”. Con la diferencia que aquella inolvidable película fue una sátira gloriosa contra nuestro servilismo hacia el poder económico de los bárbaros americanos y esto sólo ha sido una burda blasfemia contra todo lo que significa la tradición campera de Salamanca y la conducta de un pueblo donde la gente vive entregada al trabajo desde las seis de la mañana, sin la menor semejanza con el flamenquismo y la jarana andaluza.

Es delirante elegir el marco de un pueblo trabajador, donde han salido fortunas de la nada a fuerza de muchos sacrificios, con esa Andalucía de guitarra y pandereta donde el señorito andaluz se da de bofetadas con el empresario chacinero que es el primero en llegar al tajo.

Es todo un insulto teniendo aquí el mas sobrio y señorial traje de campo y de fiestas disfrazar a los toreros de chisperos que es una vestimenta artificiosa y teatral, mientras nuestros hombres de campo mancornaban toros con su cinto de media vaca, o se hacia leguas y leguas a caballo sin más abrigo que el poncho o la manta estribera, para arrendar montaneras y comprar miles de cochinos en la ancha Extremadura. Ignoro dónde tendrán la cabeza  los responsables de esta payasada para confundir Guijuelo con la Serranía de Ronda.

Un fracaso en las taquillas

Si esperaban que esta es una provincia inculta, donde miles de papanatas iban a llenar la  plaza ante semejante birlongue, ahí tienen la respuesta de los tendidos vacíos pese a la desmesurada publicidad con portada en una revista taurina nacional y grandes espacios periodísticos y televisivos, tratando de meterle por los ojos al personal un producto tan inaudito. Se hizo una publicidad desmesurada con carteles especiales repartidos a miles por los sitios más insospechados. Se habían pensado que después del petardo del año pasado en la feria se podía seguir engañando a la gente inventando una rivalidad entre Gallo y Capea, como si Gallo después del fracaso de Madrid y Capea después de estar ya sobradamente descalificado en España y Méjico como un proyecto de torero imposible, tuvieran interés para mover unos cientos de transeúntes sin conocimientos taurinos.

Después de un proyecto millonario, después de soñar que Estrella Morente y sus flamencos, podrían llenar de bulerías y fandanguillos este escenario jamonero y laboral, deben haberse llevado un infarto al comprobar las paupérrimas cuentas de las taquillas con media plaza vacía y apenas mil paganos más las innumerables entradas de “cortesía”  cubrirán el precio de los toros y los elevados gastos administrativos del festejo.

No creo que ni el Ayuntamiento ni media docena de ricos jamoneros pongan los diez millones que faltan para pagar los nueve kilos que pretendían cobrar los torerines y otras gabelas que supone una cantidad respetable, si se consulta a cualquier empresario profesional, como gastos de la seguridad social por ejemplo. 

Si la ruina económica ha sido memorable en lo artístico fue una verdadera vergüenza, empezando por una corrida donde había diferencias de más de cien kilos entre unos y otros y solo estaban igualados en los insignificantes plátanos abrochados sobre los ojos o en el descarado desmoche del resto y acabando con la burla antirreglamentaria de concederle a Javier Conde el regalo del sobrero, para darle una “oportunidad” después de sus “faenas” de impresentable distanciamiento y sus dos mítines pinchando interminables veces, sin que el educadísimo publico se molestara en dedicarle la bronca que se merecía su “abstinencia” laboral, ética y profesional.

Nobles, desaprovechados y desmochados

No creo que la corrida se la dejaran elegir al ganadero porque era una estrepitosa escalera sin ninguna semejanza ni en hechuras, ni en trapío.

El primero rebasaba los seiscientos kilos y el que cerró plaza no pasaría por novillo en ningún reconocimiento. Además fue el más escandalosamente aserruchado. Los seis sirvieron, ni molestaron, ni miraron al torero. El primero sosote pero noblón.  Sólo el cuarto se escapaba a tablas. Los dos le tocaron a Conde. Con el primero no trató de pararse ni enseñar la muleta en su sitio. El cuarto le pudo sacar muchos pases dándole los adentros que era su querencia natural. Conde perdió el tiempo intentándolo sacarlo al tercio sin conseguirlo. Y en estos devaneos se pasó el tiempo para luego echar otro rato más largo en endiñarle innumerables pinchazos en fuga descarada. En Aranda de Duero le hubieran tirado piedras. En Vitoria tendría que haber salido protegido por los antidisturbios. En Guijuelo debieron tirarle todos los jamones que se ponen pochos o agusanados por alguna corriente de densa niebla o helada en las antiguas casas matanceras. No hubo tal y encima le toleraron el sobrero. Algo rigurosamente prohibido por el reglamento. Luego el sobrero no podía salir porque había un coche delante de camión de los toros. El público que ya estaba en la calle volvió a los tendidos y quedáronse maravillados con unos pases de baile que dio desde la puerta de chiqueros hasta la carita del impresentable novillejo, que por su nobleza merecía un tratamiento más serio que unos pingüis aflamencados.

Hago saber que entre el escaso publico asistente no vi a ninguno de los aficionados entendidos que todavía quedan en Salamanca. A juzgar por su comportamiento el personal debería estar formado por compromisos sociales o por subvenciones culturales de la Diputación. Dado que un público normal se habría enfadado mucho con los dos sainetes que dieron El Gallo y Capea en sus primeros bovinos acornes y desde luego no habrían regalado ninguna oreja por su vulgar amontonamiento de pases en los otros dos. Y digo amontonamiento porque no me refiero sólo al Capeilla que tiene una sequía cerebral del toreo parecido a la padena por esas fincas tan dejadas de la mano de Dios.

De la cabeza de Periquito Capea se puede esperar la misma cosecha taurina que la de esos páramos donde los trigos no levantan una cuarta del suelo y no vale la pena meterle las cosechadoras, como siempre no faltaron conocidos que se acercaban a decir lo de siempre: “Oye que yo creía  que exagerabas y es mucho peor de lo que me imaginaba”...

Y digo que también Gallo amontona los pases y torea muy espeso porque después del fracaso de Madrid no tiene nada que ver con aquel novillero prometedor y aquel matador que algunas tardes parecía que iba a romper en gran figura.

Ni se vistió de Goyesco

La puesta en escena de la supuesta corrida goyesca fue una verdadera carnavalada. Para empezar  El Capeilla salió con un traje de luces de los de diario. Un desvaído terno color burdeos y los alamares fúnebres de azabache negro. Ya dije hace unos días que me preocupaba si este chico encontraría un terno goyesco que se adaptara a sus hechuras de ánfora romana. Otros cuantos banderilleros iban también con el chispeante normal. De los picadores no hablemos, del personal de plaza fue un verdadero carnaval, calzados con zapatillas deportivas y los monosabios con el mismo uniforme que los pone Chopera en la feria. Como veréis fue una goyesca grotesca. Solo el torilero llevaba la redecilla.

En cambio Javier Conde iba impecable. Una señora distinguida y elegante me hizo una curiosa observación estética: “Tiene muy poco paquete para tener tanto éxito con las mujeres como dicen”. Los otros dos espadas llevaban malamente colocada la güevera. Sobre todo Eduardo Gallo que llevaba el paquete muy descolgado. Estas observaciones no las hizo “La Flor de Villarino” que se fue a Madrid.......detrás de Valverde (y total para nada porque Valverde es todo lo contrario que un mariposón ¿Verdad, Laurita? )

Ingratitud y grosería

Ignoro cual ha sido la cabeza pensante que distribuyó los pases de prensa y el montón de invitaciones. Estaba casi la totalidad de la prensa, radio y televisiones provinciales. Me consta cierta cronista que se parece a la novia de Popeye, llevó de gañote a sus padres y hermanos. No faltaron cronistas de Valladolid y Zamora, yo no pensaba ir a semejante mamarrachada pero a última hora me convenció un amigo ¡Para que no nos los cuenten! Y tuvimos una magnifica localidad.

Como uno tiene enemigos o admiradores donde menos lo espera, un amigo influyente me brindó dos invitaciones. Pero puso una condición:”No se lo digas a nadie porque si se entera el padre de El Capea nos organiza un escándalo”. Ahora joderos que no lo digo ¡hasta los coloquios de la feria! Pero el protocolo de esta carnavalada cometió una grosería de darle a una profesional del periodismo audiovisual dos invitaciones ¡de sol sin numerar!. Y digo grosería con el agravante de ingratitud porque esta mujer se trasladó a Guijuelo para dedicarle un extenso reportaje televisado de promoción a la corrida, cuando presentaron los carteles oficialmente. El espacio patrocinador vale más de un millón de pesetas. Y tuvieron la poca vergüenza de mandarla al bochorno del sol.

Podría escribir mucho más de esta grotesca goyesca, por ejemplo el abuso caciquista de quien fue a elegir los toros y a desmocharlos. Pero ya sabéis todos quien puede ser... sabiendo que lo hace siempre que su hijo se viste tan horrorosamente mal de torero.

Lo del “diplomático”  de los pases de sol a la honrada periodista ¡lo contaremos en los coloquios!   


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