El desastre de Guijuelo perjudica a la feria de Salamanca

Desaparece el interés por el mano a mano

El cartel de Gallo y Capea anda a la baja

Alfonso Navalón

Imagino el dolor de muelas que le habrá entrado a José Antonio Chopera cuando se enterara de la ruina taquillera de Guijuelo y del descrédito de un espectáculo donde se le fue la mano escandalosamente al burdo especialista del serrucho y los tres toreantes anduvieron manga por hombro, cortando unas orejas verbeneras que van ha servir de mofa cuando los pocos asistentes cuenten los detalles de tan lamentable corrida.

Se va a enfadar con toda la razón José Antonio Chopera porque entre sus cálculos estaba dar un cartel mano a mano entre Gallo y Capea, que ya de por sí estaba devaluado con los fracasos de Gallo en Madrid y la deplorable temporada de El Capea. Si las cosas se hubieran dejado como estaban quedaba tiempo para que los lameculos de la prensa local prepararan una compaña de embaucamiento para hacerle creer al personal que contamos con dos grandes figuras y que su rivalidad es tan encarnizada que saldrán a matarse en la feria.

Después del esperpento de Guijuelo y la risa de un ganado para quitarle la fe al aficionado más tolerante, el pretendido mano a mano se desmorona.

Hasta hace muy pocos años los toreros que se anunciaban en la feria no actuaban en las plazas de la provincia para mantener el interés y evitar ser vistos antes de hacer el paseíllo en Salamanca ¿ahora cómo va a encajar los carteles Chopera si dos toreros se acaban de descartar?

Y encima esta jugarreta se ha cocido en las cabezas de dos taurinos profesionales que se han comportado como auténticos chuflas de este oficio. De un lado su sobrino Pablo Chopera que sin darse cuenta tira piedras contra su propio tejado de la mitad de los ingresos de Salamanca. De la otra Pedro Capea, el padre del torerin ahijado de José Antonio, y toda su vida dependiendo de esta empresa. ¿Como esta pareja pierde los papeles comportándose como dos ignorantes?

Sabemos que la idea y el montaje es cosa del Capea, echando por delante a un hombre de paja como José María Pedraz, creyéndose que este ciudadano por su relación con el Alcalde y el Consejo regulador del Jamón, tenía una gran influencia para sacar dinero y pagarle a cada torero tres millones de pesetas y otras setecientas mil por la corrida de Vellosino.

Los de Guijuelo no son tontos y a la hora de la verdad, la subvención no pasa de cuatro millones. Si sólo de dos promociones de televisión deben ya una millonada y las entradas de pago falta bastante para que llegaran a mil, no hace falta ser un lince para saber el dineral que van a perder entre el Capea y lo que puedan quitarle a Pablo Chopera que a su vez se lo quitará al pobre Gallo. Dice todo el mundo que Pedro Capea es muy inteligente y eso se contradice con su manía de hacer torero a su hijo sin tener condiciones y este embarque a la ruina de Guijuelo donde le salió la paloma cuco.

El Capea ha sido, desde la sombra, el organizador de todo este lío. Dejó el montaje a cargo de José Maria Pedraz cuya única experiencia torera es apuntarse a las fiestas de los taurinos y gastarse un dineral en invitarlos. Luego el Capea puso como jefe de taquillas al chisgarabís de Pepe Turbo, que ha perdido un magnifico negocio en Vecinos y anda a verlas venir. No hace falta decir quién fue a escoger los bovinos de Vellosino, sin otra preocupación de buscarlos sin pitones o cortándoselos bárbaramente a los que tenían algo de puntas.

Entre Pablito Chopera y Pedro Capea le han hecho una guarrería sonada a José Antonio Chopera y encima pensarán que van a venir a la feria con la ganadería que quieran y a un dinero que no puedan justificar. Imagino que el empresario se limitará a enseñarles el montón de entradas sin vender y sobre esa base aparecerá un dinero bien distinto al que pensaban este par de chuflas que soñaron descubrir un filón en Guijuelo.

Me imagino que el espectáculo flamenco de Estrella Morente habrá tenido el mismo resultado, porque la carpa habilitada apenas tenía cabida para más de cien personas. Quitas el numeroso grupo flamenco y las invitaciones oficiales y a ver dónde están los paganos de las cenas para no perder otro dineral. Al terminar la corrida el personal decepcionado por la burla regresó precipitadamente a Salamanca muchos nos quedamos a cenar en el viejo mesón  de Cuatro Calzadas, donde casualmente estaba Periquito Capea con toda su cuadrilla. Si al espectáculo no se quedo Periquito para celebrar su “apoteósico triunfo” es fácil adivinar otro gran fracaso de público. Al padre del Capeíta no se le ha ocurrido que en Guijuelo no van a trabajar tocando palmas por bulerías. Y no tienen por costumbre despilfarrar dinero en tonterías


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