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Acabo
de recibir dos llamadas femeninas. Una salmantina tecnócrata,
guapetona y autosuficiente. Por tener tiene hasta un novio que
es sargento de nuestro glorioso ejército. El domingo no pudo
ir a la carnavalada de Guijuelo y quiere saber pormenores de
tan memorable tarde: “ya he visto en los periódicos que todo
salió de maravilla con las fotos de los tres en hombros”...
Y tiene toda la razón porque fotos en primera por la puerta
grande y gran despliegue en color en crónicas con profusión
de fotos. Lo malo es que ninguno de los tres periódicos ha logrado
sacarle ni un solo pase decente al Capeilla para justificar
su “triunfo”.
La
gente que no tenga noticias directas del esperpento pensará
que lo de Guijuelo ha sido un triunfo sondo de los tres espadas
y un espectáculo brillante. Se me cae la cara de vergüenza al
ver el servilismo de algunos para hacer de lo negro, blanco
y engañar así al personal. Menos mal que Cañamero le
da caña al desmoche de los pitones. Pero lo que no me entra
en la cabeza es que los tres cronistas le echen la culpa “al
pésimo juego de los toros” cuando fue todo lo contrario.
Una
ganadería dominada por parte de El Raboso y de Manolo San Román.
Cuatro toros de clarísimo triunfo y sólo la sosería del primero
podría tener alguna disculpa porque al cuarto se le podía haber
toreado magníficamente dando los adentros. Cosa que a Conde
ni se le pasó por la cabeza. Me da mucha pena de los ganaderos
que siempre pagan el pato de los fracasos ajenos y la poca vergüenza
de algunos cronistas que no se atreven a contar la verdad.
La
otra llamada me llegaba desde Alicante. Cuando salían de corrida
mi amiga dice que todos han cortado orejas menos “El Capea”:
“Porque, además, toreando tan mal es imposible que pueda
cortar ninguna”...
Pues
ya ves en Guijuelo le regalaron dos...
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