Los camaleones

Alfonso Navalón

 

Por la Navidad vuelven al pueblo lo que andan por esos mundos ganándose la vida. Son los días del reencuentro. De los que no nos vemos más que una vez al año. Ente estos emigrantes de la nostalgia me encontré en la barra de un bar a un viejo amigo que vive en Palma de Mallorca hace una década. Por ese pequeño milagro de Internet está al día de lo poco que escribo me recitó de corrido las últimas crónicas, sobre todo la de "El Rey del Zapatillazo".

Gracias a ti -me decía- he podido enterarme de la verdad de lo que ha pasado en la Plaza Méjico, cuando todos trataban de ocultar el fracaso de los Capea.

Comentaba también cómo se ha notado el cambio de conducta de algunos vividores de la crítica con motivo de la adjudicación de la Plaza de Madrid. De cómo el Prostituto Fenicio empezó apostando a tumba abierta a favor de José Antonio Chopera, como único candidato con solvencia profesional, porque entre todos los concursantes con Choperita es con el que veía más seguro su futuro como mangoneador del negocio de Las Ventas en la parte que afecta a su provecho personal.

Al demostrarse que la oferta de José Antonio Chopera quedaba alejada de la posibles triunfadoras, se ha dio prisa en abrir el abanico de sus ambiciones para no enfrentarse a Victoriano Valencia o al francés Simón Casas. Él tiene que vivir al lado de los ganadores para medrar a su sombra. Y pese a la marcada animadversión que siente hacia Valencia y Casas ya fue cambiando el color de sus crónicas para camuflarse como los camaleones con el color que más le conviene. A la hora de la verdad sabe pactar con el mismo diablo.

De momento ha desaparecido su fe incondicional hacia José Antonio Chopera, que por entonces era candidato indiscutible. Dentro de unos días empezarán a hacerle la cama al que Esperanza Aguirre ha señalado como ganador y tratará de convencer a todos que al que antes despreciaba es el empresario ideal para Las Ventas. Tiempo al tiempo.


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