El torerín Capea a la sombra de Eduardo Gallo

Un montaje en Olivenza

Alfonso Navalón

 

LoDesde hace unos años Olivenza se ha convertido en la puerta de la temporada, hábilmente manejada por el empresario Cutido que brinda la oportunidad a los toreros de un estreno fácil, con ganado comodísimo, público aplaudidor y con el mismo riesgo que matar dos toros a puerta cerrada a cambio de la publicidad madrugadora de un éxito fácil y un dinerito curioso con el que no contaban hasta Castellón.

Olivenza es cómo el remate de la puesta a punto del invierno y la seguridad de cortar orejas a poco bien que se den las cosas. La plaza se llena casi siempre y vienen un montón de portugueses con ánimo triunfalista.

El problema del empresario es que no tiene figuras manden algo en la taquilla. La gente está harta de ver a Ponce con sus interminables faenas y a El Juli, que ya no banderillea.

Sólo dos toreros nuevos despiertan el interés del público pero tienen el cartel sin consolidar hasta que no triunfen en Sevilla y en Madrid. Son Eduardo Gallo y Miguel Angel Perera. Inexplicablemente ha rematado el cartel dejando fuera a Perera y sustituyéndolo por la plasta del hijo de El Capea que encara su temporada después del apoteósico fracaso en la plaza de Méjico.

Pero el astuto empresario no las tiene todas consigo y ha supeditado el festejo al dinero que piensa sacarle a Televisión Española, donde ahora mismo no hay plan de programas taurinos, aunque el Palabrero Fernández esté revolviendo Roma con Santiago para volver al pesebre.

Prudente ha sido Cutiño al buscar un dinero que nace cojo y sin posible proyección. El Gallo tiene su cartel y es la esperanza de muchos aficionados pero todavía no tiene gancho taquillero. Goza de un futuro esperanzador y necesita consolidarse. En cambio el torerín de El Capea ha dejado claro en Méjico su torpe vulgaridad, su estilo pueblerino y sobre todo su falta de valor al manejar la espada con bastante más precauciones que Curro Romero.

Lo de Méjico ha sido una vergüenza para descalificar a cualquiera. En España han hecho todo lo posible para tapar el fracaso y el escándalo de los becerros desmochados pero al darse la corrida por Galavisión aquí ya sabe todo el mundo lo que puede dar de sí un mozalbete que en veinticinco años no ha sido capaz de asimilar las ventajosas trampas de su padre ni aprender algo parecido al toreo. En Méjico le dedicaron el mayor desprecio que puede recibir un torero en la plaza: Abandonar los tendidos cuando empezaba la faena de muleta. Solo se quedaron los seis amigos que fueron a verlo desde Salamanca.

Todo el año alardeando que iban a llevar un avión de entusiastas y al final sólo juntaron media docena.

Lo triste es que en Olivenza se le va a dar otra oportunidad a este tuercebotas, cuando el sitio corresponde a Perera o a diez toreritos nuevos con unos méritos que este hijo de papá prepotente, protegido por la casa Lozano.

Una vez más El Capea va a sombra del prestigio de Eduardo Galo, como un chivarro mamando de la teta. Esperemos que en Olivenza haya por lo menos un cronista decente para contar la verdad. Si se televisa ya no hace falta nadie para saber lo que puede dar de no esta mierda de torerín.


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