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Entrada triunfal de los Capea en Salamanca Aclamados en la Plaza Mayor como en tiempos de Franco --- Cuentos para el Día de los Inocentes --- |
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Alfonso
Navalón
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Los salmantinos quedaron asombrados cuando hace unos días hicieron su entrada triunfal en la histórica Plaza Mayor, como primer acto oficial de los fastos conmemorativos del 2005 para celebrar el cuarto siglo de esta maravilla arquitectónica. Las dos figuras de la famosa dinastía hicieron su entrada a bordo de dos impresionantes "cadillacs" con remates de oro macizo, regalo de la afición azteca como reconocimiento al memorable triunfo alcanzado en la mayor plaza del mundo. Abría el desfile El Capea primero, acompañado de su distinguida esposa que lucía mantilla española al estilo de doña Carmen Polo de Franco. Le seguía Periquito segundo junto a su deslumbrante hermana, la famosa escritora del más prestigioso periódico provincial. Recibimiento triunfal Toda la calle de San Pablo la ocupaba el desfile de las peñas taurinas y desde el Teso de la Feria arrancó la cofradía de la Virgen de la Peña, ataviados con sus trajes rocieros, guitarras, tambores y castañuelas en un centenar de carros adornados con flores y guirnaldas. A la llegada a la Plaza Mayor, una muchedumbre ocupaba el recinto y los balcones que lucía tapices y banderas con los hierros de las famosas ganaderías de la familia. Fuertes cordones de seguridad impedían que el desbordante entusiasmo del gentío asaltara los lujosos coches de ambos triunfadores. Desde la entrada triunfal del Caudillo Franco no se recuerda semejante fervor popular. A la entrada del Ayuntamiento fueron recibidos por la Corporación municipal en pleno, con maceros y guardia de honor con uniforme de gala. El Alcalde les entrego las llaves de oro de la ciudad y la banda municipal entonó el himno nacional. Acto seguido subieron al salón principal donde fueron nombrados hijos predilectos de la capital. Padre e hijo se asomaron al balcón para corresponder a las aclamaciones de la multitud. Vueltos a la plaza los esperaba el Obispo de la Diócesis, revestido de pontifical, como el resto del Cabildo Catedralicio. Los dos ídolos fueron bajo palio hasta la catedral donde el coro de la Universidad entonó un solemne Te Deum, en acción de gracias por la hazaña realizada en tierras aztecas por tan insignes lidiadores. Después de hacer entrega de dos lujosos capotes de paseo al Cristo de las Batallas, la comitiva se dirigió a los jardines del Campo de San Francisco, donde ambos triunfadores obsequiaron al pueblo llano con un banquete. No faltaron ni el caviar del Volga, ni las angulas de Aguinaga, todo ello magníficamente servido por el famoso restorán "Costa Verde", sede espiritual de miles de seguidores de los gloriosos toreros salmantinos. Tarde de sorpresas Hacia las cinco de la tarde el cortejo enfiló hacia la plaza de toros, lamentando que no tuvieran acceso a los tendidos los cien carros rocieros de la hermandad de la Peña. Tras una breve espera los dos toreros vistieron los mismos ternos de luces que estrenaron en su triunfal tarde de Méjico y se procedió a la lidia y muerte de varios toros de Miura y Victorino. Todos cinqueños, sobrantes de la pasada temporada y con impresionantes pitones astifinos. Actuaron de picadores colocando magistrales puyazos los acreditados varilargueros Pablo y Óscar Chopera, demostrando su probada destreza en su consuetudinario oficio de repartir puyazos ente el público de todas sus plazas. Como peones de confianza y con precisos ternos azabache y plata, deslumbraron al personal el varonil Mijosé Ortega Cano, Minifran Rivera y Jesulín de Ubrique acompañados de sus numerosas amantes. Pidieron la llave Julián Muñoz y Humberto Janeiro. El ex alcalde de Marbella hubo de ser amonestado por el teniente coronel de la Guardia Civil cuando intentó arrollar a los fotógrafos con su caballo, procedente de una de las sustracciones de las caballerizas municipales marbellíes. A lo largo de la lidia entonaron sentidas tonadillas Rocío Jurado y La Pantoja recién afeitada y actuaron de monosabios el Conde Lecquio, Javier Sardá, Boris Izaguirre, los del Gran Hermano, varias glorias intelectuales televisivas y acreditadas guarrindongas del puterío nacional. El público vivió una jornada inolvidable porque aparte de las magistrales faenas de los dos Capeas, ejecutaron con impecable pureza la suerte de matar, dando su enorme prestigio como maestros del volapié. Celebración en Ledesma Finalizada la corrida, miles de entusiastas partidarios se los llevaron en hombros por la antigua carretera de Villamayor hasta llegar a Ledesma donde están afincados sus fértiles latifundios y las bravísimas ganaderías de la familia, asombro del mundo entero. A las orillas del Tormes se sirvió una cena fría con langosta, cigalas, gambas de Huelva, langostinos de Sanlúcar, centollos y Bogavante de Bilbao traído expresamente por el gerente genital del Hotel Ercilla, con un séquito de doscientos camareros ataviados con chistularis. Se sirvieron vinos y manzanilla obsequio de la acreditada secta de los tratantes de Jerez y la fiesta se prolongó hasta la salida del sol. Destacamos el hecho de que a pesar del aristocrático porte del Sr. Pedro Gutiérrez y la elegante a apostura de su hijo Periquito, ambos personajes se vieron desbordados por el palmito, la discreción y el glamour de doña Carmen Lorenzo y su bellísima hija Verónica. Las amigas íntimas de la encantadora hermana del torero nos dieron la primicia que próximamente se trasladará a una famosa clínica de cirugía estética de Hollywood para corregir el aspecto plano que ofrece su cara y evitar que algunas resentidas la hayan bautizado con el remoquete de "carapuerta" o "caraplancha". Del mismo modo Victoriano Valencia ha recomendado a Periquito Gutiérrez que modifique su rostro con rasgos tridimensionales, porque es impropio que un torero de tan deslumbrante repertorio y genialidad tenga unos rasgos faciales tan acatetados y esa sonrisa de guarda forestal asustado. Durante los actos cívicos los dos toreros lucieron con faraónico empaque el traje corto de ceremonia con calzón de seda, chaquetilla de terciopelo, faja de seda persa, sombrero de fieltro brillante a juego, camisa de encaje y chorreras con botonadura de oro y brillantes. Llevaban anillos de platino con piedras preciosas valoradas en veintiséis millones de euros cada uno. Asimismo cruzaban el chaleco con gruesas cadenas de oro de sus relojes también de oro con sonería, procedentes de la colección de joyas reales del Palacio de Oriente, obsequio personal de la princesa Doña Leticia. Nota aclaratoria: Desde que volvieron de su "campaña" de Méjico, permanecen recluidos en "Espino Rapado", sin atreverse a mostrarse en público por su natural modestia. No se tiene noticia que durante estos días el joven Perico Gutiérrez haya visitado una conocido prostíbulo en la calle María Auxiliadora, donde acostumbra a realizar ejercicios sexuales previo pago de dieciséis mil pesetas, acompañado del otro metrosexual López Chaves. Prudente conducta la de estos jóvenes que evitan así la promiscuidad con exaltadas admiradoras sin la menor garantía sanitaria. Prefieren contratar los servicios de acreditadas profesionales de la didáctica sexual para evitar el riesgo de contraer las terribles enfermedades venéreas que destrozan nuestra descarriada juventud. En los círculos católicos de la capital y en la Jefatura Provincial del Movimiento se ha comentado elogiosamente la decisión de consagrar sus atractivos cuerpos al servicio de la fiesta nacional, donde Periquito Gutiérrez es consciente de los altos destinos que le depara la historia, como máxima figura de las próximas tres décadas. Para perfeccionar su impecable estilo el referido Periquito Gutiérrez ha toreado esta semana 275 vacas, la semana próxima empezará con otras 175, regalo del escrupuloso ganadero manchego don Daniel Ruiz. Hasta su reaparición en Olivenza piensa matar a puerta cerrada 98 toros para alcanzar el punto de perfección que le exigen los rigurosos cronistas de Salamanca. Su asesor de imagen, el Prostituto Fenicio le prepara una campaña de promoción para llenar todas las plazas donde actúe y cobrar los máximos honorarios de la historia financiera del toreo. A cambio de tan señalados servicios el intachable y honestísimo Fenicio solamente se llevará el 46,7 por ciento del monte total. Con su acostumbrada generosidad cederá el 0,2 por ciento a sus conocidos acólitos "El Robameriendas de Navasfrías" y "La Flor de Villarino"; máximos pontífices de la literatura taurina salmantincense. |