Los Capea regresan millonarios de Méjico

- Otro cuento del día de los Santos Inocentes -

Alfonso Navalón

 

¡Van a ganar cien millones cada uno en la corrida de Méjico! Eso decían en el reducidísimo círculo de incondicionales del torerín Periquito Gutiérrez. Desde que empezó a vestirse de luces ni los taurinos profesionales ni los aficionados entendidos concedían el menor crédito a las negativas condiciones de El Capeíta. Toreará por las influencias del padre pero si fuera un novillero cualquiera ni debutaba con caballos… Sin embargo, el astuto Molés, sin atreverse a cantarlo como torero (porque su próxima fuente de trinque son El Gallo y Perera) divulgó el bulo de que Periquito Gutiérrez sería el que más pronto se haría millonario por el supuesto poder del padre y sobre todo de los Lozano.

Los cuatro ilusos que lo miran como una posible figura habían oído contar que allá por los años cuarenta Manolete fue el primer torero que ganó un millón de pesetas en la plaza Méjico. No saben que hasta 1963 fue El Viti el único que volvió a cobrar esa cifra en San Isidro. Un año antes que El Cordobés. ¡Habían pasado casi veinte años!

Millones ficticios

Los capeístas se echaron a soñar y días antes de la confirmación la ciudad estaba llena del bulo de los cien millones para cada Capea porque habían echado la imaginación a volar y contaban con un llenazo hasta la bandera para repartir millones como en la Lotería. Pero llegó el petardo del fracaso en la taquilla con sólo un tercio de plaza y como en las otras cinco corridas, el torerín Periquito tampoco llevó gente a la plaza, la gente normal se hacía cruces con las osadías millonarias de los treinta y cinco capeístas y asalariados de la causa.

Por otra parte, la bajísima cotización del peso mejicano, reduce todavía más la ridícula liquidez que les proporcionó el durísimo Herrerías que defiende su dinero pistola en mano y como tanto el hijo como el padre manejan pésimamente la espada, fueron incapaces de amedrentar al Chopera Mejicano. Digo yo que habrán salido lo comido por lo servido, aunque se hayan ahorrado los hoteles viviendo de gorra en el rancho de Teófilo Gómez. Luego los gastos aumentaron una barbaridad cuando la madre y esposa hizo un viaje a España para afilar aquí los estoques del chaval. Tenía la corazonada que afilándolos aquí se rompería la mala racha de pinchauvas.

Baúles y modelitos

Regresó doña Carmen acompañada de su bellísima hija Verónica, para que adquiriera soltura internacional en sus modales pueblerinos. Por todo lo cual se llevaron varios baúles con vistosos modelos para lucirlos (pensaban) en los numerosos homenajes y fiestas que el pueblo mejicano dedicaría a los dos toreros después del apoteósico triunfo que proclamaban sus desaforadas campañas publicitarias. Vivieron el cuento de la lechera porque después del fracaso (económico y artístico) no pudieron salir a la calle por lo enojada que estaba la afición ante la poca vergüenza de los becerros que soltaron. Y los modelitos se quedaron en los baúles, para cuando salgan en hombros de Las Ventas en San Isidro donde ya vereis que tienen mayor fortuna que ante el exigentísimo público azteca. En San Isidro están locos por verlo, después de lo que han visto por Eurovisión.

El regreso de España en el avión parecía un velatorio. Se habían venido abajo todos sus sueños para invertir tantísimos millones en los caprichos de cada cual. Así doña Carmen en su condición de jefaza de la tribu tenía pensado comprarse en El Rocío la casa de Carmina Ordóñez, su admirada amiga a quien considera un ídolo. Doña Carmen pensaba recoger el testigo de la Ordóñez para organizar en su casa grandiosas fiestas rocieras, como trono a su esbelta figura y su salerosa gracia para bailar sevillanas estrenando cada día dos vestidos de gitana diseñados por Vittorio y Luchino, mucho más costosos que los de la Pantoja. Por su parte, don Pedro Gutiérrez Moya, tiene clavada la espinita de ser el único terrateniente de su pandilla que no tiene casa en Marbella y pensaba comprarse una mansión con campo de golf para invitar a jugar a Giraldés y José Antonio Chopera, para que no lo sigan mirando por encima del hombro al no estar entre la jet de la Costa del Sol.

Periquito soñaba con tener una jaima en el parque de la casa de papá, para adquirir un harén y que le bailaran la danza del vientre dado que su experiencia sexual no ha pasado de las putillas de la calle María Auxiliadora porque la única novia que tuvo se le fue con el hijo del vendedor de camiones MAN, en la carretera de Valladolid. Periquito ya había encargado a un conocido proxeneta para que le agenciara doce bailarinas bereberes.

El capricho de su hermana Verónica no ha sido divulgado pero sabemos a ciencia cierta que piensa ir a una clínica de silicona para quitarle a su rostro esa imagen de cara plana o caraplancha.

Cuando contaron las perras que le había sobrado de la campaña mejicana, la jefaza doña Carmen decidió que los niños se compraran un Chupachups y que lo de Marbella y el Rocío se resuelve yendo invitados a casa de los amigos porque ya han demostrado en Méjico su habilidad para convertirse en huéspedes perennes de su amigo el ganadero de los becerros afeitados.

Aquí en Salamanca vivimos sin vivir en mi ante la mala suerte de una familia tan querida que han vuelto a su casa sin los doscientos millones que le atribuían sus veintisiete admiradores de la provincia.


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