Los toreros españoles ya no cobran en Méjico

A un matador pretendían despacharlo con 800.000 pesetas

Alfonso Navalón

 

Un motivo más para seguir cruzándome al pitón contrario en este invento de Internet. Resulta que hace pocos días fui a tomar café a la animadísima zona norte de Salamanca por los bares de Van Dyck y encontré casualmente a un viejo conocido, apoderado de un torero bien situado en el escalafón. Al chaval le hacía ilusión ir de gira por México y por complacerlo su mentor se puso en contacto con un empresario amigo suyo para tantear una temporadita de media docena de corridas y quitarse de los excesos del invierno.

Le hablé de una cantidad en dólares que equivalía a 800.000 pesetas y el apoderado se quedó de piedra. Con eso no tenían ni para los gastos del viaje del apoderado y el torero. Y además allí se tenían que pagar la cuadrilla. "¡Imposible! Pierdo mucho dinero". Y el empresario amigo le fue sincero: "Por aquí no podemos pagar más. Como mucho si hay público puedo subir al millón. Te hablo como amigo". Y el torero que acabó su temporada con un dinerito muy saneado dijo lo mismo que el apoderado: "¡Nos quedamos aquí!"

Ahora se explica que muchos toreros que andan por los puestos altos no quieran ir a toreros a los estados, aunque tampoco penséis que en la gran plaza de Méjico cobran más que en la feria de Salamanca o Valladolid. Estamos hablando que los diez de cabeza que van detrás de Ponce y El Juli, para que os hagáis una idea de lo mal que andan las cosas por donde antes venían millonarios con diez corridas.

Menos que hace 60 años

En el año 44 Manolete cobró por primera vez en la historia un millón de pesetas en la plaza Méjico. Con ese dinero se podía comprar una finca de ochocientas hectáreas en Salamanca. Un pedazo de finca y no la mierda de "Yerbabuena" o "Ambiciones". Hasta el año 63 nadie volvió a cobrar el millón en una tarde. Fue El Viti en San Isidro y al año siguiente se lo dieron a El Cordobés también en San Isidro, que por cierto recibió es tarde una grave cornada de un toro de Benítez Cubero y con el sorteo amañado con su telonero Pedrés, que de los cuatro toros de los dos lotes, tragó con los que no le gustaban a El Cordobés, como era norma entonces, cuando las figuras llevaban un "arrimado" para ir por delante y "no molestar".

Como veis, el dinero de los toreros no ha subido como el coste de la vida y aunque es cierto que muchos se hicieron ricos por su buena administración, otros llegaron a la retirada con los justito para vivir. O arruinados como el mismísimo Antonio Ordóñez que de todo su imperio sólo salvó la última finca y además llena de hipotecas. En cambio, otros como El Pireo o Jumillano estuvieron un ratito y solucionaron el futuro con holgura. Hay casos de grandes toreros que viven con estrecheces. El más sangrante fue un figurón del toreo que perdió en los negocios todo lo que tenía y salvó milagrosamente la finca de su mujer, una ganadera de Salamanca.

Antes "hacer las Américas" era volver con un puñado de millones. Ahora no cobran casi nada. El peso mejicano no tiene valor y en el resto de las plazas se salva Quito con una feria consolidada. Anda muy mal Perú con su famosa feria de Lima en la legendaria plaza de Acho y se salvan también algunas plazas colombianas, mientras que en Venezuela anda lo comido por lo servido al no tener figuras nacionales y porque los ases españoles están muy vistos y no tiran de la taquilla.

Dejaremos para otro rato la historia de la cacareada gira de El Capeíta en su desastrosa temporada mejicana donde el fracaso artístico se unió a la ridícula cosecha de dólares. Menos mal que no les costaba el hotel porque vivían con toda su trouppe en la ganadería de Teófilo Gómez.

Pera vaya como adelanto que el torerín de El Capea a pesar de la fuerza del padre y de los Lozano ha liquidado una media de 10.000 dólares por cara tarde en los estados. Lo de la gran plaza de Méjico es justamente lo que exige Fran Rivera por torear en un pueblo. ¡De qué cosas se entera uno!


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