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Conferencia
de Rosa Jimenez Cano.
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| Conferencia de Rosa Jiménez Cano en el Aula de Cultura de la plaza de toros de Las Ventas y dentro del ciclo de los XIII Aperitivos Taurinos organizados por el Club Taurino de Madrid. Reproducimos también la presentación que corrió a cargo del maestro Alfonso Navalón. | |
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ROSA: LA VALIENTE Alfonso Navalón Aficionados de Las Ventas: |
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No
quiero que os falte el apoyo hacia esa lucha que mantenéis por recuperar
el prestigio y la seriedad de una plaza que ha marcado siempre el rumbo
de la temporada y el cartel de los toreros. Cada año me cuesta más trabajo
acudir a Las Ventas por la que tanto luché y tantos logros conseguimos,
cuando la llegada de El Cordobés marcó una decadencia que nadie ha sido
capaz de detener. Se me quitan las ganas de volver cuando me parecía mentira
que el público de Madrid concediera una oreja verbenera y pueblerina a
Antonio Ferrera con el último toro de Victorino que se empeñaron en hacer
pasar por bravo, cuando se negó a ir al caballo y se aquerenció en un
burladero durante la suerte de banderillas.
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Madrid
se ha quedado huérfana de entendimiento y exigencia. Sólo un pequeño núcleo
de aficionados mantienen una conducta de respeto al toro, al reglamento
y a la pureza de las suertes. Frente a ellos está la gran masa clavelera
y triunfalista que los acorrala y avasalla con su sentido fiestero y frívolo.
Por si os faltaba algo la muerte de nuestro Joaquín Vidal ha dejado un
vacío irreparable, frente al conformismo paniaguado de la mayoría de los
cronistas. Sobre todo los responsables de los espacios televisivos que
desorientan dando una versión equivocada de lo que pasa en el ruedo. Se
nota claramente que están ahí para defender otros intereses ajenos al
respeto que merece el público.
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En la desdichada feria de Otoño contemplé con estupor cómo se ha dedicado
una placa al nefasto Vicente Zabala, fiel colaborador de Chopera para
disgregar la andanada del 8, hacer salir los caballos de picar por la
puerta del ocho para no dar tiempo a protestar los inválidos y azuzador
de la masa clavelera contra los escasos sectores exigentes a quienes calificó
de “terroristas”.
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El oficio de periodista taurino ha llegado a su máxima degradación porque
casi nadie se atreve ya a enfrentarse con el monotoro descastado o con
la serie de trucos que han suplantado la técnica del buen toreo. Ya no
se protesta el abuso del pico de la muleta, torear con la pierna retrasada,
ni vaciar los toros hacia fuera. Se confunde la suerte de banderillas
con carrera de titiriteros, se emocionan con los pares al violín y otras
frivolidades que inventó Llapisera y que ahora forman parte del repertorio
habitual de los toreros.
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No
se fijan en los enganchones. Dan por bueno el encimismo y se ha dejado
de valorar la estocada, proclamando a Joselito como maestro de la suerte
suprema cuando es notorio que mataba eficazmente pero a un tiempo y al
capón.
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La labor de la mayoría de los críticos va pareja con este clima de corrupción,
acomodándose casi todos en la sombra de los poderosos y sin dar la cara
defendiendo al público. Lo que cuentan los periódicos o lo que escuchamos
en la radio y en la televisión raras veces tiene algo que ver con lo que
está viendo en la plaza el verdadero aficionado. Las nuevas generaciones
de cronistas jóvenes siguen esa línea acomodaticia de los que han hecho
de su oficio un negocio personal.
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Cada día se apuntan más al pesebre que a la ética de una profesión donde
ante todo debe estar el deber de informar y orientar. Muchos jóvenes recién
salidos de la Facultad de Ciencias de la Información, cambian su ética
profesional por el rentable menester de publicitarios o portavoces de
los intereses de las figuras o empresarios. Otros se colocan como serviles
portavoces de lo que llaman ahora “gabinete de prensa” de los toreros,
algo que jamás había existido.
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Por
eso suena a milagro que una jovencísima Rosa Jiménez empezara a luchar
casi en solitario contra todos los desmanes del toreo, llamando las cosas
por su nombre y denunciando todo lo denunciable. No es de extrañar que
desde sus comienzos gozara del apoyo y la fidelidad de los aficionados
independientes y de los que están hartos de soportar el fraude cotidiano
de un espectáculo que ha perdido casi todas sus esencias, empezando por
la emoción y el riesgo. Rosa ha tenido muy claro que su sitio no estaba
en el pesebre ni en el conformismo.
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Me
cabe el orgullo de haber apoyado su carrera desde que comprobé en Madrid
la confianza que habían puesto en ella los buenos aficionados. Le di sitio
en “Tribuna” y en muy pocos meses supo ganarse el respeto de los lectores
ansiosos de verdad y la persecución de los taurinos profesionales. De
los vividores del toro, que ni siquiera han respetado su condición de
mujer para atacarla, amenazarla y perseguirla por todos los medios a su
alcance. Mientras tanto la tirada de “Tribuna” en los quioscos de Madrid
subía gracias al impulso de las crónicas de Rosa que sabía darle al lector
una versión realista de lo que había sido la corrida.
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Desde
mi situación provinciana he seguido con respeto y alegría la carrera valiente
de esta chavala que tiene el coraje de ponerse por montera las presiones
de los poderosos sin someterse a sus conveniencias. Rosa vive el toreo
con pasión y con riesgo. Lo vive desde dentro. No han faltado grandes
maestros de la crítica cuya norma era la de mantenerse al margen del mundillo
taurino, sin rozarse con toreros, ganadero o empresarios. Así es muy difícil
escribir con conocimientos y llegar a la entraña de la fiesta. Yo aprendí
mucho en largas horas de tertulia con vaqueros y mayorales o perdiendo
muchas madrugadas tomando copas con banderilleros, picadores y mozos de
espadas. Algo que está muy por encima de la retórica y las reglas de los
tratados de tauromaquia. Hay que tener el valor de meterse de lleno en
el berenjenal del taurinismo. Primero, por lo que puedes aprender y sobre
todo para estar informado antes que nadie de lo que se cuece en todos
los estamentos. Rosa alterna con los toreros y los ganaderos pero no se
deja seducir por el favoritismo ni la adoración que padecen muchos cronistas
cuando viajan con los toreros o comen con los taurinos. Rosa toma nota
y luego nos lo cuenta que es su obligación. Esta jovencita vive con pasión
y entrega su oficio. Conoce todas las técnicas de la mecánica del periodismo
moderno. Visita todas las noticias de Internet y su móvil recibe confidencias
de más variadas fuentes. Está al día de todo lo que pasa en el toreo.
Y además es capaz de irse por su cuenta al debut del hijo del Capea en
Algeciras para ofrecernos datos reales que contrastaban con el tono adulador
de los demás cronistas. Para el aficionado esta cronista es fiable y está
fuera de cualquier sospecha de soborno.
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Otra
cosa que le honra es negarse a colaborar con profesionales de dudosa moralidad.
Cuando en “Tribuna” (en una de mis ausencias) contrataron a un cronista
mariposón, torerista y adulador, nuestra compañera se negó a escribir
y sólo dio una explicación: “soy demasiado joven para prostituirme escribiendo
al lado de un corrupto”. Cuando el pasado septiembre la dirección de “Tribuna”
decidió cambiar la línea del suplemento por otra más “contemporizadora”
de adulación al poder, rompí con semejante servilismo y Rosa decidió dejar
de escribir por solidaridad. Estamos por tanto ante un rarísimo ejemplar
de periodista que ha elegido el camino recto de servir la verdad al lector
y luchar contra los que denigran el espectáculo.
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Aquí
cabe recordar aquello de un águila que divisó en lo alto de un picacho
de las montañas a un caracol. Alarmada la reina de las cumbres le preguntó
cómo había logrado llegar tan alto. Y el caracol le contestó: “¡Arrastrándome!”
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Está
claro que Rosa Jiménez no ha llegado a la crítica para ser un caracol
arrastrándose para trepar sobre sus propias babas. Un raro ejemplo de
dignidad profesional y humana, muy poco frecuente en esta época de sumisos
y engañadores. Desde mi lejano rincón de quijote escéptico os pido una
ovación para ella.
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Las supuestas figuras, sus toros y sus ferias |
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| 16-11-2003 | |
| Rosa Jiménez Cano | |
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Estimados amigos, familiares, admiradores o detractores, mi más cordial
saludo. Los amigos del Club Taurino de Madrid me han hecho llegar esta
invitación para departir con ustedes en este prestigioso ciclo de conferencias.
El mayor culpable, una vez más ha sido José Luis de la Chica, su presidente
al que estoy agradecida por meterme en este embrollo.
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Mi
intención con esta conferencia es dar una serie de pinceladas generales
sobre el estado de la fiesta de toros en la actualidad y sentar unas bases
para que posteriormente entre ustedes y yo hagamos lo que esté en nuestra
mano para encontrar una salida que no sea la destrucción para esta fiesta
que tanto amamos y que tan poco se parece a lo que tenemos en nuestra
mente. La idea consiste en dar el esplendor y verdad que le falta sin
necesidad de tener que quemar la tierra como rezan los anarquistas para
poner nuevos cimientos en tan vetusta afición que sostenemos, sin más
pilar que nuestro dinero, tiempo y desmedida afición.
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Atrás
quedan los preliminares, entremos directamente en el tema que nos atañe.
Todos los aficionados tenemos en mente los toreros que son figuras y al
pensar en ellos, irremediablemente echamos la vista atrás, o los que somos
más jóvenes recurrimos a mitos aprendidos en la infancia –como Antoñete-
por no pensar en las que aprendimos en los libros. Quizá aquellas no difieran
tanto como imaginamos de las actuales pero sus gestas si que tenían el
sabor de la leyenda. Los toreros no hacían ascos a la competencia, inventada
o no y así los aficionados se beneficiaron de la entrega sin reservas
de unos toreros que no tenían que buscar en el diccionario la palabra
pundonor, porque como a los soldados el valor, se les suponía.
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Por
figura se entiende aquel que no sólo manda en la plaza y fuera de ella
como quieren hacernos ver hoy las figuritas de papel, sino aquellos que
se preocupan de conocer profundamente su profesión, que cobran gran dinero
porque lo valen. Es difícil sin remontarse a un buen número de años encontrar
un torero que practique la profesión con honradez, conocimiento, asiduidad
y sobre todo, interpretación pura, sincera y personal de los dogmas del
toreo.
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Lo
de Joselito y Ponce en Olivenza con los Victorinos de juguete fue una
broma para incrédulos. Igual que el pasado año el duelo Fandi-Ferrera
que este año no ha dado más frutos que una animadversión fuera de la plaza
y el consiguiente veto y separación. No torean juntos y, como venimos
diciendo, es el aficionado el que se queda sin ver el duelo en la arena.
Si alguien lo ha pasado mal este año ha sido El Juli con César Jiménez
subiéndose a sus barbas. A nuestro modesto entender la última pareja de
figuras (una más que otra claro está que mantuvieron un pulso en el redondel,
independientemente de que también tuviera grandes intereses comerciales)
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Fueron Ordóñez y Luis Migue ldurante el “verano sangriento” que tanto
hizo viajar a Hemingway y disfrutar a todos sus lectores, entre los que
a buen seguro nos contamos un buen número de asistentes en la sala.
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Trataré
de explicar la situación actual de manera breve al tiempo que clara y
concisa para después pasar a entablar un coloquio. En la elección de los
diestros a tratar a continuación ha primado más su renombre y situación
o colocación en los carteles y ferias sin más méritos que su supuesto
prestigio que las frías cifras que poco pueden decirnos a priori.
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Los
actuales:
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El
Juli: En lo más alto y en soledad. Le pasa como a Luis Miguel, saber
sin sabor. De ser un niño prodigio saleroso ha quedado en autómata, casi
se le puede considerar un juguete roto al que pronto le quieren encontrar
un sustituto.
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Encerronas:
Madrid, mirar al 7 para cortar una oreja. Linares: Sólo tres cuartos.
Zaragoza la única decente con toros sin entidad para una plaza de primera.
Bilbao, tres tardes y se estrella.
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Esta temporada fue castigado sin Victorinos. Una vez más, sigue en vigor
el refrán: más sabe el diablo por viejo que por diablo.
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Definición
de su forma de entrar a matar: Sin dejarse ver, saliéndose de la recta
y sin hacer la cruz. Ejecuta la suerte de matar con el brazo fuera, saliendo
lejos, a la carrera y con espectacular salto que engaña al que no sabe
por su espectacularidad y se sale de la suerte. Con algo de habilidad,
durante el atlético salto, consigue dejar una estocada entre desprendida
y levemente caída, de fulminante efecto que, a pesar de lo defectuoso
de su colocación, al ser tan efectiva, no permite que se le puedan negar
las orejas. Los aficionados serios hace tiempo que lo captaron, no así
los feriantes regala orejas a los que poco importa la ortodoxia. Aplicable
así mismo a César Jiménez y Matías Tejela, también a casi todos los productos
prefabricados que últimamente salen de la Escuela de Tauromaquia de Madrid.
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Los
que hablan del abandono que está haciendo de su físico tendrán o no razón
pero es innegable que se hace las taleguillas un poco más largas de lo
habitual con el fin de dar sensación de ser algo más estilizado de lo
que actualmente es.
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Ponce:
o el toreo con trampa. Elude Madrid. No entra en Sevilla. Repetición eterna
de la misma faena. Unos trastos de gran tamaño. Muleta equivalente a manta
zamorana. Capote: como la carpa del circo que ahora cubre el redondel
de nuestro albero.
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Aparentemente con comportamiento ejemplar durante su mandato en los diez
últimos años ha obrado a su antojo, no sólo en la elección de ganaderías
sino también de los compañeros. Mala señal es que un empresario defina
a este torero como buen chaval, eso es que no les aprieta las clavijas
lo suficiente, algo que sí hace con cualquiera que trate de hacerle sombra.
Su problema para no ser considerado figura en este ranking es su propio
concepto de la tauromaquia. Una vez más se confunde la técnica y la trampa.
Cada vez que cita, al llegar el toro con un toque de sutileza desvía la
trayectoria del toro para descargar la suerte al tiempo que pierde cuatro
o cinco pasitos (muy elegantes, eso sí). Que nosotros sepamos en cualquier
tratado de tauromaquia se indica que la pérdida de pasos es una falta
de mando. Si para estar siempre listo para el cite había que ganarle un
paso al toro y quedar colocado con la muleta adelante, con Ponce este
axioma
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| Al chico perfecto le crecen los enanos desde la entrada de su suegro en la administración de su carrera y quizá ya no todo sea tan bonito en su entorno como hace cuatro o cinco años. La falta de nadie que le haga sombra en su terreno le permite seguir tanto tiempo como desee en la posición de privilegio de la que actualmente goza. | ![]() |
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Joselito:
(Quizá cometa un sacrilegio por mencionar a este torero en este foro,
plaza en la que cuenta con gran cantidad de adeptos). Apatía, aburrimiento.
Idas y venidas. Gusto por enfrentarse con los aficionados y descararse.
(Ya sabemos de quién lo ha aprendido El Juli)
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Finito
de Córdoba: Ejemplo de torero que sigue en los puestos más altos debido
a la antigüedad de alternativa. No pinta nada, casi nunca destaca, pero
tampoco molesta a nadie. Se le utiliza, con el beneplácito de sus apoderados,
para abrir carteles y llenar huecos. Máximo exponente del cambio de cromos
entre empresas. Hace dos años fue líder del escalafón en festejos toreados
sin que se le conozca más mérito que una excelente campaña de marketing
en la prensa rosa.
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Ferrera:
torero de atragantón y con bien ganada fama de mal compañero, no sólo
él sino también su entorno. Atropella la razón casi todas las tardes con
las banderillas y se auto estropea los toros con recortes sin motivo,
sólo por el afán de alardear. Lleva dentro de sí cierta vena tragicómica
que sabe utilizar en momentos puntuales como en la pasada feria de otoño
con el último de Victorino. Horroroso el doble salto con que decora las
banderillas, además de absurdo por encorvado y falto de sentido.
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Fandi:
es frescura y entrega. Muy honrado pero tosco y sin sensibilidad para
llegar a emitir un discurso con cierta emotividad. Cuando le sale el toro
para hacer filigranas, no se entera de la historia. Baste con citar el
ejemplo del Baltasar Ibán de ensueño que le tocó en desgracia durante
la pasada feria de El Pilar. Las fotografías delatan lo lejos que se pasa
los toros durante la faena de muleta.
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Manzanares:
Se saltó el paso necesario para todos los que no son hijos de figura,
las novilladas sin caballos. Debe ser que la sapiencia taurina se hereda
y no hace falta ir por esas plazas de Dios con novilleros que de verdad
tienen hambre de triunfo, caso análogo al hijo de Capea, pero no que no
va a salir más en esta conferencia porque no hacemos publicidad gratuita.
Presentarse en Madrid con una novillada gordota y descastada de Los Bayones.
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A pesar de su elegancia tiene lagunas en cuanto al conocimiento del toro, de hecho, en América –con un ganado de menos tamaño y casta- las cosas empiezan a estar en su sitio al dejarse un toro vivo. Este hecho es desconocido por muchos porque ya se han encargado sus voceros particulares de silenciarlo. César Jiménez: El primer sorprendido al ver que se le menciona en esta plaza sería él mismo al ver que se le incluye sin haber pisado el ruedo venteño desde su etapa de novillero. Coleccionista de apoderados. |
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Un
torero de gran frialdad en la cabeza. Debe ser un entusiasta del vídeo
porque lleva todo aprendido desde los andares hasta las faenas. Es capaz
de renunciar al concepto de lidia a cambio de una dosis de espectacularidad,
recuerden en su único paso por Madrid como recibió el sexto novillo por
chicuelinas en los medios o cómo, con tal de cortar las orejas, cita con
gran frecuencia en los medios de rodillas.
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Tiene
una gran confianza en sí mismo, aunque lleva prácticamente la faena del
hotel. Ha adaptado su toreo a una mezcla de la ambición, frescura y conocimientos
del Juli, junto con la elegancia coreográfica de Enrique Ponce. Casi casi
se puede afirmar que hemos creado un monstruo (en el peor sentido de la
palabra).
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Interesa
por su ambición de triunfo, aunque es necesario tener cuidado con quién
le conseja, de un tiempo a esta parte comienza a ser roñoso a la hora
de dar información, hacer declaraciones o decidir la reaparición después
de una cornada.
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Tuvo
la osadía de presentarse en Madrid con una novillada en solitario a las
que cortó dos orejas de última hora. Este año ha cometido la mayor incongruencia
que se pueda comprender: no viene a San Isidro por no sentirse preparado
y, sin embargo, no falla a ninguna de las otras grandes ferias, sumando
contratos como el que más.
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José
Tomás, incipiente ganadero con reses de Núñez del Cuvillo, no merece excesivo
comentario por encontrarse en paradero desconocido. Para hablar del diestro
serrano tendríamos que recurrir a Paco Lobatón o la bruja Lola, Rappel
o cualquier otro periodista taurino que no hace más que lanzar rumores
sobre su ida o venida del toreo.
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Juzguen
ustedes si algunos de los mencionados merecen o no el calificativo de
figura de la tauromaquia. Me temo que, como dijo de Espartaco, nuestro
añorado Joaquín Vidal, “Manda el cabo”.
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Los
ganaderos: o el milagro de los panes y los peces.
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No puede haber tanto bueno como para dar tantas corridas de toros, pero
sí una economía sumergida y un falso prestigio similar al reflejado en
“La Escopeta Nacional”. No es normal que cada vez surjan más ganaderías.
Que cualquier nuevo rico a los seis años de comprar unas vacas al jerezano
de moda esté en lo más alto y cinco años después esta nueva ganadería
ya sea madre de otras tantas de nueva creación. Comprar camadas completas
por toreros o empresarios y ya verás dónde o cómo se colocan. No embisten
con los riñones que son las verdaderas embestidas con codicia. Tampoco
suelen galopar, sino que llevan un trote de marrano en la dehesa, con
las carnes colgando y ayudando la embestida con el cuello, haciendo esfuerzos
para mantener el equilibrio sin terminar con sus huesos en la arena. Espectáculo
bochornoso que nos avergüenza y aburre soberanamente a los aficionados.
Esta situación se agrava si es necesaria la salida de los peones para
hacer el servicio de grúa para que maestro pueda seguir el curso de la
coreografía habitual.
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El descastamiento y los toros derrengados son la nota habitual de todas
las tarde, no sólo en provincias, sino también en la primera plaza del
mundo. Sucedáneos.
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La
última estrategia, además de vender todo lo que tenga cuernos y se parezca,
aunque sea remotamente a un toro de lidia, consiste en crear un segundo
hierro B, para que hereden los hijos y todos puedan repartir la herencia.
No importa la calidad, sino la cantidad. Muchas ganaderías pertenecen
a la figura del apodera-empresario. No nos extraña que las colas del INEM
sigan siendo largas, es que los taurinos no hacen más que dedicarse el
pluriempleo. Hasta los toreros en cuanto juntan cuatro perras, las gastan
en hacerse ganaderos intentado colocar su producto, olvidando que como
han sido toreros difícilmente sean capaces de seleccionar lo que el aficionado
requiere y no la figurita de turno. Se olvidan, una vez más, del que paga.
Sólo en este espectáculo no se trata de dar goce al que pasa por taquilla,
sino sufrimiento. Estamos ante una fiesta hecha por ellos y para ellos.
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Entre
las ganaderías que no recomendamos ir a ver se encuentran las siguientes:
Alcurrucén y las que se lían en Las Ventas. Año tras año aumentan el número
de astados lidiados y tienen un segundo hierro.
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Juan
Pedro Domecq, la plaga. Para más INRI sus hijos también tienen un hierro.
Es la semilla de todas las ganaderías creadas al amparo de los que ganan
dinero en la construcción o negocios al margen de la fiesta. Zalduendo,
el propietario es hermano del citado anteriormente, este año lidió una
novillada en Illumbe como corrida de toros.
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Esta
familia y sus admiradores han sido listos y aunque les embiste mejor en
plazas de segunda, los matadores se lo matan en plazas de primera. Al
quedarse paradotes se quedan con cierta presencia y nulos de emoción de
modo que propician la pantomima grotesca para que los “profesionales”
del asunto pueda decir: “Se ha pegado un arrimón”. Para reconocer este
tipo de faenas, basta con mirar la lengua del toro. Si está fuera y es
escaso el resuello, el toro está sin defensa, no hace falta dominarlo.
Su escasez de casta le tiene dominado casi de nacimiento. Victoriano del
Río, ganadero de la serranía de Madrid, esta temporada recién terminada
ha hecho grandes méritos para no volver a lidiar en muchos sitios durante
una buena temporada. Sobre todo en Castellón y Madrid.
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Paso
a hablar ahora del peligro del otro monoencaste, el de Salamanca, con
unos atanasios sacados de tipo y pezuñones. Toros abantos de salida que
terminan entregándose en la muleta si el torero tiene la suficiente paciencia
como para dar cinco vueltas al redondel en su persecución. Los que atesoran
una dosis mayor de mansedumbre y milagrosamente se les ha ido la mano
con la casta pueden conseguir faenas de cierta emoción, pero siempre,
siempre, siempre con un torero muy dispuesto. Sirva como ejemplo la faena
el pasado San Isidro de El Califa al número 23 –¡anda, como Beckham!-de
Dolores Aguirre.
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No
se nos olvida comentar el curioso caso de los empresarios de más renombre
en el mundo del toro. Martínez Elizondo, o los Chopera, otros que como
apenas tienen trabajo, con tanto tiempo libre sin apenas plazas que gestionar
o toreros a los que apoderar también tienen ganadería. La familia siempre
ha tenido en mente el tipo de toro que quiere (grande, ando o no ande).
No así el encaste. En cada momentos se han ido adaptando a la moda, haciendo
todo un alarde de personalidad y fidelidad a un encaste. De Santa Coloma,
pasaron a Atanasio. Esta última rama está en vías de extinción en la actualidad
a favor de lo que procede de Domecq y eso que sirve
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Hasta
Victorino ha sucumbido a la tentación de tener un hierro más con
el que en 2002 mandó una desastrosa corrida a Cenicientos (hoy día ni
la sombra de lo que fue).
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Quedan
dos ganaderías que podrían suponer regeneración:
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Fuente Ymbro, la esperanza. La Quinta, otra más, pero minoritario
y con dificultad para lidiar toros por las exigencias de los veterinarios
o las plazas que no atienden a ningún tipo de raseros según las hechuras
propias de cada encaste.
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Las
ferias:
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Año tras años están los mismos en los carteles. No importa lo que haya
ocurrido en ocasiones anteriores, sino el nombre que tengan. A los mencionados
en el apartado dedicado a las figuras se añade los que fichan por una
casa grande de manera eventual, a modo de prueba: se benefician del cambio
de cromos y con un poco de suerte son capaces de dar dos vueltas a España
sin demasiado que decir.
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Castellón:
Escándalo de Victoriano del Río ya comentado al hablar de El Juli. Toros
de escasa entidad.
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Valencia:
Un ganadero de familia es bodeguera tiene participación en la empresa
así es que aunque los empresarios que salen en los papeles no fueran taurinos
han ido seleccionando lo mejor de cada casa. Tanto es así que hasta se
han hecho con un hierro, varios toreros.
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Sevilla:
La culpa es de lo corrales, dicen, pero llevan así desde la creación de
la plaza y esta excusa sólo lleva vigente los últimos veinte años. Sólo
van los suyos y los amigos de los maestrantes.
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Salamanca:
caso parecido a Sevilla pero negándolo. Se miran el ombligo y el provincianismo
está a la orden del día.
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Y
así casi todas, salvo Madrid, aunque cada día es menos la sombra de lo
que fue. Por más que le echen la culpa a la administración, a la crítica,
a la empresa y al resto de estamentos, quien tiene mayor culpa es el público
de alubión que llena la plaza sin conocimiento alguno, sin ánimo de exigir
o aprender, sino de contarlo al día siguiente en la oficina. Si no hay
exigencia el listón cae hasta los límites que hoy se viven.
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A
modo de conclusión: Parece mentira como cambia el tiempo “Antes y después
del Guerra. Medio siglo de toreo”, obra que recomiendo encarecidamente
a todo el que no lo haya leído. Autor: pseudónimo F.Bleu (Félix Borrel
Vidal). Abuelo de los recientemente fallecidos Ignacio y Gabriel Aguirre
(aunque con ideas de la fiesta bastante diferentes), y bisabuelo de la
recientemente electa presidenta de la Asamblea (para que vean ustedes
cómo cambian los tiempos) “Lagartijo y Frascuelo vivían para torear, desde
entonces, torean para vivir”.
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Muchísimas
gracias a todos por su paciencia y afición. Sin más, la palabra es suya.
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