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La
buena simiente de unos coloquios
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| EN QUITO SURGE UNA AFICIÓN NUEVA EXIGENTE |
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Alfonso
Navalón
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Cristóbal
Roldán Cobo es un ganadero ecuatoriano, de una familia de juristas y terratenientes,
emparentado con los ganaderos más cotizados del país: los hermanos Marcelo
y Carlos Cobo. Cristóbal tuvo la ocurrencia de contratarme hace quince
años para comentar las corridas en unas tertulias televisadas, que alborotaron
al conformista taurinismo quiteño. Hasta entonces las ferias transcurrían
al dictado de El Palabrero Fernández, el fenicio Molés y el esperpéntico
Pedro Javier Cáceres que acaparaban la desinformación de los principales
medios. Cristóbal Roldán llevaba ya varios años escribiendo de toros con
bastante conocimiento porque aparte de ganadero es un entusiasta aficionado.
Tan arrojado que pese a sus leves cuatro arrobas (con los botos puestos)
sufrió una grave cogida en un festival que lo tuvo andando con muletas
un año entero. Como creyeron sus enemigos que iba a quedarse cojo de por
vida le pusieron el mote de "Patojo Roldán" para escarnecerlo. Tanta manía
le tenían los jerarcas que hasta le negaban el ingreso en la Unión de
Ganaderos y tenía que lidiar clandestinamente por los pueblos. Roldán,
que empezó precariamente en malas fincas arrendadas, tiene ahora una hermosa
dehesa con todos los acomodos. Pero al margen de su carrera como ganadero,
sus crónicas taurinas le valieron persecuciones y desprecios. Sin embargo,
la joven afición ecuatoriana lo seguía y lo bautizaron como "El Navalón
Paramero", porque ganaderamente se movía en el altiplano. Durante muchos
años nuestros programas de televisión, cambiaron el rumbo acomodaticio
de la feria quiteña. Perdieron todo su crédito los cronistas engañabobos
que llegaban de España y nuestro programa se adueñó de la gran audiencia.
Hace ya unos cuantos años que me cansé de tanto viaje en avión y dejé
de ir a Quito.
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Hace
unas noches estuve cenando en Salamanca con Juan Sebastián, el hijo de
mi compañero que ahora remata sus estudios en nuestra famosa universidad.
Una larga charla llena de recuerdos, Juan Sebastián me va contando cómo
ha cambiado la sociedad taurina de su país. Los carcas fascistoides y
conservadores siguen en su inmovilismo transigiendo con todos los abusos.
Pero aquella generación de jóvenes universitarios que iban a nuestro coloquio,
mandan ahora en los tendidos de la plaza. Son algo parecido a la famosa
andanada del 8, pero han crecido y lo que empezó siendo un pequeño grupo
de contestatarios se ha convertido en una legión de aficionados exigentes
que levantan la voz de protesta mientras sus padres siguen silenciosamente
en sus localidades preferentes, dándolo todo por bueno. Al cabo de los
años resulta consolador que aquellos coloquios televisados hayan servido
para formar una afición nueva con claros conceptos de cómo debe ser el
toro de lidia y cómo deben usarse las técnicas del buen toreo. La misma
noche de la presentación del hijo de Manzanares, el hijo de mi amigo ya
tenía una información exacta de las dimensiones del fracaso del toro que
le echaron al corral, mientras aquí la prensa y otros medios disimulaban
las dimensiones del tropiezo. Ahora me importa poco ya lo que pase en
las plazas, pero cuando quiero tener datos fidedignos sobre lo que está
pasando en la feria de Quito no tengo más que llamarlo.
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De
los mandantes que iban antes a engañar a las gentes ya no sobrevive ninguno.
A todos les han dado de lado estos aficionados nuevos y rigurosos. Este
año sólo apareció por allí el fenicio Molés, el más habilidoso para sacar
una peseta donde la haya a costa de lo que sea. Imagino la de equilibrios
que hará para tener contentos a los que mandan y que no le vean mucho
el plumero los entendidos. Por cierto, que ha ido acompañado por otra
joya del periodismo comercial: El habilidoso David Vidal Montero, el único
cronista salmantino que se ha hecho rico, mientras los demás cobraban
jornales miserables.
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Por cierto que David Vidal escribe desde Quito una crónica "especial"
para "Tribuna" dirigidas a modo de epístola a su "protector y maestro"
Luis Falcón, que con este fichaje ha puesto el suplemento en el lugar
que desgraciadamente ocupa en el desprecio de los aficionados y el público
en general. Imagino que la próxima novedad será alguna colaboración especial
de Molés, con lo cual el discapacitado Falcón se sentirá la reina de los
mares del periodismo taurino. Veremos como acaba esta verbena.
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